ISSN 2476-1672

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El secreto de Pepe el yuma y Segundo

A finales de la década del 70 estudiaba en el instituto pre-universitario de Santa Clara, Cuba, un joven amable, inteligente y poseedor de una vasta cultura que le permitía en aquella época ser admirado por sus compañeros de clase; sobre todo por ser un amplio conocedor de la vida, de esa tan linda y despreocupada que se vive a los 20 años de edad, cuando el alma no ha sido manchada aún por los compromisos políticos y sociales, y no se disimula la alegría.

Tan grande era la admiración de aquel estudiante por el modo de vida americano, que a su apodo hispano Pepe, sus amigos le añadimos “el yuma”. Es decir Pepe el Yuma. Y es que para los cubanos -a diferencia los demás pueblos latinos que emplean el término despectivo “gringo” o “yanqui” para referirse a los norteamericanos-, “yuma” es la palabra que mejor describe la secreta admiración del pueblo humilde que desborda siempre la censura política del Estado y no se hace cómplice de ella.

Por aquella época trabajaba en el Instituto un señor llamado Segundo, de mucho poder sobre el futuro de nuestros planes de estudiar en la Universidad, y a quien todos los estudiantes, temíamos por su carácter inquisitivo. Segundo se situaba todos los días, a la hora de entrada, en la puerta principal del edificio; para requisar con su vista de águila a cada estudiante: no se podía pasar a las aulas si el cabello de los varones se descansaba sobre las orejas, o si la falda de las muchachas era muy corta. Segundo era muy riguroso y su voz profunda causaba terror cuando nos señalaba: ¡Usted, salga de la fila y vaya a la Dirección que lo voy a “empapelar” por indisciplinado!

Pepe siempre les recordaba a sus amigos -Oriente, Llerena, Bebito, Ray y el Colora'o-, antes de entrar a clases: “¡Caballeros no me digan Pepe el Yuma en el colegio porque Segundo se va a enterar y me va a empapelar! ¡No me digan Pepe el Yuma!

Con el otoño llegaba la época de la Escuela al Campo. Y en cierta ocasión, Pepe el Yuma y sus amigos de siempre fuimos ubicados en San Antonio, un albergue de cortadores de caña de azúcar cercano al ingenio George Washington. El albergue tenía improvisados camastros fabricados con madera y saco, muy cercas uno del otro, y en un rincón junto a la puerta se ubicó el siniestro Segundo. Cada mañana aquel hombre nos despertaba a las 5:30 am -cuando el frío nos hacía temblar a todos-, y nos daba su discurso político sazonado con amenazas y advertencias: “¡Se prohíbe escuchar las estaciones de radio de los yanquis en los límites del campamento! ¡A quien descubra oyendo música americana lo voy a empapelar!”. Asombrosamente, Pepe el Yuma se atrevió a preguntar: “¿Cuáles son los límites del campamento?”. Y Segundo gritó: “¡Aquel árbol de mangos al Sur, y el molino de viento al Norte!
Por supuesto, cada tarde Pepe tomaba su radio de batería y sentado a los pies del molino, como un Don Quijote y en la misma frontera entre "dos países en guerra", escuchaba aquellas famosas estaciones de radio provenientes de Cayo Hueso.

A veces nos sentábamos junto a una hoguera, tocábamos guitarra y cantábamos canciones de los Beatles. Mientras algunos leían las cartas de novias o familiares, todos hacíamos planes de un futuro hoy presente que llevamos con nostalgia del pasado. Allí surgía siempre la preocupación de Pepe: ¡Caballeros, no me digan más Pepe el Yuma que Segundo me va a empapelar!

Cada vez que a Pepe el Yuma le tocaba fregar las bandejas de comida del comedor, sus amigos nos sentábamos todos encima de su camastro -siempre ordenado, pulcro y limpio-, para desordenarlo; pues a nuestro él le molestaba muchísimo el desorden. Y en una ocasión que repetimos la travesura, ocurrió algo insólito. Todos reíamos imaginando el disgusto del Yuma cuando repentinamente entró Segundo al albergue y nos quedamos petrificados. El hombre se plantó frente al grupo y nos miró uno a uno muy serio, como calando nuestras almas y pensando lo que escribiría en nuestros expedientes. “Adiós Universidad”, pensamos todos: Llerena, Oriente, Bebito, Ray y el Colora'o... cuando la voz de Segundo nos sacó de nuestros pensamientos: ¡Qué están haciendo partía de vagos! ¡Bájense todos de ahí, porque los voy a empapelar si le ensucian la cama a PEPE EL YUMA!

Nota: Si les gustó el relato y deseen leer muchos más. Entonces no dejen de descargar el libro "Crónicas de un pilongo" disponible en esta página. Gracias!


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