ISSN 2476-1672

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Novedades editoriales Letras Latinas Publishing, 2016




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Key West: tras los pasos de Martí y Hemingway

Por Angel Cristóbal & Felicia Jiménez

(Miami, 9/06/15. Especial South Press Magazine).- El privilegio de poder viajar por el territorio norteamericano nos brinda la oportunidad de visitar ciudades, pueblos y lugares vinculados a la historia cubana, y la posibilidad de constatar in situ los lazos históricos culturales y sociales que unen a Estados Unidos de Norteamérica y a Cuba por más de dos siglos. Con este objetivo, un tour insoslayable e impostergable lo era sin duda viajar a Key West, y nuestro equipo de South Press Magazine lo hizo motivado por seguir los pasos de dos personajes de leyenda; José Martí y Ernest Hemingway; visitar los lugares donde el Apóstol de Cuba pronunció sus discursos y recibió la ayuda de los tabaqueros; detenernos frente al monumento dedicado a las víctimas de la explosión del acorazado Maine; escudriñar la Casa-museo del escritor norteamericano más vinculado a los cubanos; y dejar constancia de la curiosidad criolla por acercarse y tocar el punto geográfico más al Sur de la Florida, y más cercano a Cuba. Sin duda algo curioso, si tenemos en cuenta que, al otro lado del mar, allá nadie se toma fotos en Punta Hicacos, en Punta de Maisí o en el Cabo de San Antonio.
Con esas ideas en mente, recorrimos 166 millas de extraordinaria carretera e impactante paisaje marino, atravesamos decenas de puentes que unen a diversos cayos como Key Largo, Isla Morada, Maratón, y otros islotes más pequeños cuyos nombres pasan raudos. Algo que llama la atención al viajero es la presencia de pescadores aficionados en las caminerías de algunos puentes, desde donde se permite pescar en las transparentes aguas de 6 metros de profundidad llenas de cardúmenes de diversas especies de peces. Impresionante sin duda el llamado “puente de las 7 millas” y apreciar la maravillosa obra de ingeniería del antiguo puente, en parte conservado y parte en ruinas, por donde pasaban tanto el ferrocarril como los autos en ambos sentidos.
Al llegar a Key West, enseguida se aprecia la actividad bohemia de su población que ha sobrevido a huracanes, incendios y hasta piratas. En ello reside que hoy es una de las más entusiastas poblaciones de norteamérica, cuando se trata de fiestas, desfiles y eventos culturales. A simple vista se capta que ha sido siempre un lugar con mucha gracia y se entiende por qué, en las últimas décadas, el turismo y las correspondientes infraestructuras, como hoteles, cafés y restaurantes, han aumentado de tal forma que la ciudad aparenta estar del todo dedicada a esta afluente industria, sin perder ese espíritu alegre que se percibe en sus calles y la actitud relajada del visitante. De ahí que, junto con San Francisco y Nueva Orleáns, Key West es una de las ciudades más liberales en los Estados Unidos.
La impronta de Martí
Por mucho tiempo Key West era sólo accesible por mar, a fines del siglo XIX un vapor le daba servicio desde Tampa a donde llegaban las líneas del ferrocarril, y fueron aquellos transportes -tren y barco-, los que utilizara José Martí en varias ocasiones; para visitar y concertar reuniones, así como pronunciar discursos de unión del exilio cubano en su proyecto independentista. El 25 de diciembre de 1892, Martí llegó al cayo y permaneció allí hasta el 5 de enero de 1893. En el Instituto San Carlos, uno de los edificios históricos más bellos de la Florida, fue ovacionado por cientos de cubanos y cubanas. Fundado por líderes de la comunidad del exilio cubano en Key West como escuela y centro cívico patriótico, el San Carlos hoy día funciona como museo, biblioteca, galería de arte, teatro, y escuela. Está situado en Duval Street, arteria principal y corazón del distrito histórico de Cayo Hueso. Es considerado como la cuna del movimiento pro-independencia de Cuba. Fue aquí donde el Maestro pudo unir a la comunidad de exiliados para lanzar la última fase de su campaña para la liberación de Cuba. Martí afectuosamente se refería al San Carlos como "La Casa Cuba".
Lamentablemente, el Apóstol cubano apenas sobrevivió dos meses la Guerra de Independencia, y tampoco pudo apreciar la obra del multimillonario Flagler, quien decidió extender la línea férrea hasta Miami y desde allí, cruzando el mar sobre puentes, de cayo en cayo, llegó a Key West. Según cuentan, este proyecto sólo podía realizarlo una persona como Flagler; por el costo de una obra como ésta, única en su tiempo, y por los inconvenientes naturales y humanos que pusieron a prueba su persistencia.
La huella de Hemingway
Y en una isla bohemia, tenía que vivir un escritor bohemio como lo fue Ernest Hemingway, quien vivió aquí de 1920 a 1930, año cuando se mudó a La Habana, Cuba, donde compró la muy famosa Finca Vigía, en San Francisco de Paula, muy cerca del pueblo costero de Cojímar. La casa de Hemingway en Cayo Hueso, no tan cerca del mar como pensaba este cronista, es hoy un museo que visitan turistas de todo el mundo.
Hay que pagar $12.50 para entrar y hacer el tour mientras un guía te va explicando cada detalle de la casa y narrando anécdotas del escritor; pero las bondades del periodismo nos exhoneraron del pago y pudimos recorrer gratis todas las instalaciones del Museo, entre ellas la piscina donde se ejercitaba el escritor y jugaban sus dos hijos, Gregory y Pattrick, mientras el padre intercambiaba tragos con sus invitados. Muy cerca de la perca está el cementerio de los gatos, algo que se repite también en Finca Vigía.
Me impresionó particularmenter ver una habitación en altos donde Hemingway realizaba su oficio: allí está la vieja máquina de escribir colocada sobre una sencilla mesa, un taburete por asiento, apenas dos muebles de descanso, algunas bibliotecas y as infaltables cabezas de animales que alguna vez cazó durante sus safaris africanos. La casa y sus alrededores no tienen las dimensiones de su finca habanera, pues en 1920 no había alcanzado aún el renombre que le permitió adquirir una década después Finca Vigía. También aquella de la Isla es más prolija en objetos museables, archivos fotográficos, armas de caza, vestimentas, lápices, libros, la misma existencia del yate Pilar, y el hecho de que el acceso a los salones de la casa están restringidos al público permiten un mejor estado de conservación con relación a la casa-museo de Key West. Pero a pesar de estos pequeños detalles, es increíble poder estar allí, pues se siente la presencia del escritor y la atención de los directivos del Museo es estupenda. En la librería dejamos varios ejemplares de nuestro libro: “Regreso a las Armas”, título que aunque escrito en español estamos seguros será agotado en corto plazo...
Siendo Key West, al Sur de la Florida, el punto de los Estados Unidos más cercano a Cuba, la cultura e historia de la Isla han ejercido gran influencia en la cultura de este cayo por más de dos siglos, y vicerversa, también éste ha dejado sus marcas en Cuba. Según caminamos por las calles lo mismo vemos un establecimiento ondeando la bandera cubana, a un tabaquero realizando su viejo oficio, que un monumento exhibiendo los restos de una balsa de procedencia cubana recogida en alta mar ya sin sus tripulantes. Los recuerdos del paso de José Martí y de otros patriotas como Salvador Cisneros Betancourt, Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes, así como la imagen de la Caridad del Cobre se aprecia en ciertos lugares... Pero tal vez la relación con la isla mayor sea más visible en la famosa boya-monumento que marca el punto más al sur de los Estados Unidos y en la cual aun se lee “90 millas hasta Cuba”, exactamente hasta la punta del Francés en la península de Hicacos, Varadero, en Matanzas: una prueba para algunos incomprensible de ese anhelo de todo cubano de regresar algún día a su añorada tierra.




Fotos: Angel Cristobal / South Press Magazine








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Who killed the german actress Renate Müller?

BY ANGEL CHRISTOPHER

For years, Adolf Hitler's sexuality has been a matter of of debate and disagreement. Suggestions that he was homosexual appear to be unfounded but may well have been based on what was observed as his feminine characteristics: his gait, his mannerisms and even his choice of art as a profession were once interpreted as feminine manifestations.

With the possible exception of Heinrich Hoffmann -the Nazi Party's official photographer, and Hitler's personal adjutant-, no one knew the nature of his sexual activities, causing much conjecture in party circles, with some believing that he was sexually “normal” while others suggested that he was inmune to sexual temptation.

Others thought he was homosexual because many of the party's inner circles in the early days were known homosexuals. Rudolf Hess was known as 'fraulein Anna'. For a long time Hitler ignored the fact that many in the SA leadership were homosexuals, incluiding Ernst Röhm. Röhm was well aware that Hitler was attracted to the female form, and one time remarked in Hitler's presence: “He is thinking about the peasant girls. When they stand in the fields and bend down at their work so that you can see their behinds, that's what he likes, especially when they've got big round ones. That's Hitler's sex life”.

Hitler preferred to look rather than touch, and he also enjoyed the pornography his official photographer Hoffmann may available to him. Ernest Pope claimed Hitler frequently visited The Merry Widow, in which an American actress played the lead. “I have seen Hitler nudge his Gaulieter and smirk when Dorothy does her famous backbending number in spotlight. Hitler watched through opera glasses and sometimes had command performances for his private benefit”.

What is clear is that Hitler was unable to have a normal relationship with women. It seems almost too clichéd to suggest that the man who delighted in the sadistic torture of his enemies and had not an ounce of compassion for those he sent to their deaths, was also a voyeur and masachist in need of punishment from pretty girls like Renate Müller.

Alfred Zeisler, a film director at Berlin's Universum Film AG -founded by Hitler- better known as UFA, has said that he provided Hitler with female stars for company and to have sexual intercourse with them. These encounters with stars and would-be stars, at the studio or in some secret room in the Reich Chancellery, would seem to indicate that the Führer vereed erratically from being a starstruck fan to some kind of impotent despot who wanted to impress and scare little girls; he has certainly known to forma attachments to much younger women than himself who were vulnerable and whom he could dominate.

But the power he had over the young starlets is apparent. And probably not as harmless as it might have seemed to the chorus girls who only had to endure Hitler's boastings. One famous actress endured much more, and paid the ultimate price. In 1937 Germany was shoked by the news that actress and singer Renate Müller had died at the age of thirty-one. Her body was found on pavement outside a hotel on 7 October. She had fallen from the third-storey window, and died instantly. The blue-eyed beauty had starred in more than twenty German films and was regarded by the National Socialist as an ideal aryan woman and, in light of Marlene Dietrich's defection to Hollywood, was courted and promoted as one of Germany's leading film actress.

The first story that went out over the radio was that the cause of her death was epilepsy and she had fallen from a window of a hospital. At some point, this hospital became a hospita for the mentally sick, suggesting Müller was mentally ill, or had had a breakdown. Joseph Goebbels spread rumours that she had become addicted to morphine and was an arcoholic.

The true story about Müller's death was never revealed. Her funeral was held in private, and her adoring public was barred. Her possesions were confiscated and sold even though her parents and her sister were alive. Some years later, according to reports, they were all buried in the same grave as Renate, suggesting the family were all silenced.

Theories for the possible murder include her lack of cooperation with Goebbels, her love affair with a Jew, and the regime's fear that she was going to turn traitor and leave Germany as Dietrich had done. What is certain is that there was a cover-up about her death. The absolute truth will never be known, and her death remains as much of a mistery in the annals of the German film world as Marilyn Monroe's has in Hollywood.

If it is true what Zeisler claimed about Renate Müller being coerced into inflicting pain upon Hitler, it would appear to shed light on her death. What is also apparent es that she had been seeing Hitler for around two years and Zeisler left Germany in 1935, two years before she died.

In Hitler's cult of celebrety, as in showbusiness anywhere in the wolrd, celebrety and sex went hand in,hand. But in his case, celebrity also went hand in hand with terror and death. His cult of celebrety was like a vortex into which anyone wanting success in their chosen field, whether it was drama or music, painting or writting, was sucked without mercy. It's known that Hollywood can be cruel, but Hitler's cult of celebrity was devastating for all, including Hitler himself. It was as though he couldn't control it or himself; he was driven by one overwhelming and unhinged desire to get to the top.

Bibliography

-Munn, Michael. Hitler and the Nazi Cult of Film and Fame. Shyhorse Publishing. New York, 2013

-Cristobal, Angel. Enigmas del III Reich. Letras Latinas Publishing. Caracas, 2015




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Dos botellas de cerveza cuentan su historia

Port Bundas-Glasgow Bottery Co. Data: al menos un siglo

Por Ángel Cristóbal
En las antiguas casa de patio interior tan peculiar en todas las antiguas villas y municipios de Cuba, es muy típico encontrar esos canteros sembrados con rosales, galán de noche, limoneros, ciruelos y naranjos, que tan rico olor esparsen en las noches cubanas del interior del país. En esos jardines interiores es fácil hallar viejas botellas de cerámica bordeando los límites de cada cantero, habiendo por ello en la isla excelentes colecciones provenientes de excavaciones que cubren el siglo XIX y la primera década del XX, al igual que hay importantes colecciones privadas: se trata de botellas de pasta de color blanco mate con dos formas básicas denominadas sinusoidales y cilíndricas, que establecen las dos variedades conocidas. Dentro de ellas veremos diferentes decoraciones, dimensiones y detalles de terminación. Estas botellas comenzaron a llegar a Cuba con el ingreso de la cerveza, primero con la apertura del comercio y más aún tras la primera guerra de independencia (1868-1878) y el incremento del comercio con Inglaterra, hasta transformarse la ingestión de cervezas en un hábito popular que poco a poco desplazó al vino tinto español.

Si podemos ubicar la primera gran difusión para la década de 1820, ésta fue con botellas del tipo sinusoidal, con y sin baño color chocolate. Para 1850 comenzaron a llegar al país las de forma cilíndrica, raramente con baño chocolate, y aún más estandarizadas que las primeras, las que lógicamente continuaron en uso. Las más comunes de este nuevo tipo son las lisas y las que tenían una inscripción en bajorrelieve en el hombro, dejando lugar para una etiqueta de papel pegado. Poco más tarde, cuando los fabricantes ingleses vieron que el consumo era muy alto, ofrecieron aplicar a los envases unos escudos en relieve -color azul en su mayoría-, y más tarde imprimir la etiqueta en el gres mismo. A esta altura ya estábamos en la década de 1880. La Primera Guerra Mundial acabó drásticamente con la importación de estos productos, los que se suspendieron totalmente en 1928 después de haber entrado anualmente más de un millón de botellas.

Un detalle interesante es que estos envases, cuando venían llenos, solían traer un sello de plomo, sea como una cubierta estampada o con un precinto redondo colocado sobre el alambre que ataba el tapón. Debido a que varios de éstos tenían el dibujo de un cerdo, les quedó el nombre popular de “cerveza puerco”. Es habitual que en la marca del fabricante haya un número que indica la partida u orden de fabricación: esto se estableció al observar que en su mayoría los números más antiguos se hallan en contextos más viejos, aunque no es siempre así debido al reciclaje. Algunos precintos han sido restaurados, pudiéndose leer las siguientes marcas: J. Macintayre, Liverpool; Price, Bristol; Port Dundas, Glasgow; Samuel York & Co., Wolverhampton; H. Kennedy, Barrowfield, Glasgow; Campbelfield, Glasgow; Midland Pottery, Liverpool; Midland Pottery, Melling; Grosvenor, Glasgow; Powel, Bristol; Davidson, Glasgow; Murray, Glasgow; Doulton, Lambeth; Govancroft, Glasgow; Algunas de estas fábricas tienen fechamientos muy bien determinados, como F. Grosvenor y su Eagle Pottery en Bridgeton, Glasgow, que registró su marca en 1869 y cerró en 1899; Henry Kennedy & Sons Ltd. tuvo su fábrica Barrowfield Pottery en Glasgow entre 1866 y 1929; Port Dundas Pottery Co. de Bishop Street en esa misma ciudad fabricó envases de este tipo desde 1819 hasta 1934 figurando desde 1845 como "& Co."; la Campbellfield Pottery Co. de Springburn, Glasgow, trabajó entre 1850 y 1905; William Powell & Sons de Bristol y su fábrica Temple Gate Pottery estuvo activa entre 1830 y 1906, pero tuvo otra fábrica menor entre 1816 y 1830 con el mismo nombre.

Las dos botellas de cerámica gles que ilustran este trabajo, me las regalaron mis vecinas de la calle Independencia en Santa Clara, Villaclara, sra. Martha y sra. Niña, distinguidas hermanas que conservaban en la vetusta casa de patio interior muchas antigüedades y tenían un largo cantero sembrado de rosas blancas, bordeado con decenas de botellas puestas en fila, boca abajo. En una de ellas puede verse el sello de la marca: Port Dundas-Glasgow-Bottery Co, y una marca profunda en forma de O que demuestra que son originales. Cómo mínimo, están datadas con más de un siglo de haber sido fabricadas. Sirva esta nota arqueológica como recuerdo a las memoria de aquellas dos señoras, que durante tantos años fueron respetadas en el barrio como descendientes de aquellas 14 familias fundadoras de la ciudad de Marta Abreu de Estévez.



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Memorias de un periodista independiente

Paseo extramuros de La Habana. Pintura de Miahle, 1958. 


Título original: "Con la prensa independiente"
(Publicado en Diario 2001, Caracas, lunes 12 de mayo de 2003)

por Ángel Cristóbal

La noche anterior a mi viaje a La Habana no pude conciliar el sueño por los nervios; era mi primer trabajo como miembro de una agencia de prensa cubana independiente y tenía que llevar a la capital las crónicas, las denuncias y noticias redactadas por nuestro grupo de periodistas disidentes en la provincia de Villaclara.

Sabía que si la policía o algún agente de la seguridad del Estado me detenía y ocupaba aquellos papeles, lo mínimo que me esperaba serían 6 meses de prisión. Así que, lo único que se me ocurrió fue doblar bien las hojas mecanografiadas en una vieja Underwood y esconderlas en el doble forro de mi chaqueta blues-jeans.

A las 3:30 de la madrugada llegó a la bella estación de Santa Clara, proveniente de Ciego de Ávila, el tren nro. 3 con destino a La Habana. Para quienes no conocen este medio de transporte en la isla, les diré que me esperaban casi 10 horas de incómodo viaje, en aquellos vagones oscuros, donde la gente procedente del oriente del país viaja con la única comodidad de un asiento, sedientos y hambriento. Un aire frío y cortante entraba por las ventanillas rotas; frío que se hizo más insoportable cuando una pareja de agentes policiales se dirigió directamente a mí y alumbrándome el rostro con una linterna me pidió el carné de identidad.

Mientras uno revisaba detenidamente el documento, el otro dirigía el haz de luz a mis ojos al tiempo que preguntaba: “Ciudadano, ¿qué va a hacer usted en La Habana?, ¿dónde trabaja?, ¿lleva equipaje?, ¿dónde se va a hospedar?

En Cuba, la policía llama “ciudadano” a todos los cubanos por igual, y sólo le dará un tratamiento de “compañero”, una vez que compruebe el “estatus revolucionario” de la persona que es objeto de pesquisa. Así que cuando les dije que trabajaba en la Iglesia Católica me devolvieron el carné con un seco “¡continúe ciudadano!”, y me salvé de que revisaran mi abrigo atestado de crónicas disidentes.
Tras largas horas de viaje, de innumerables paradas y de ceder la vía a por lo menos a 5 trenes de carga, llegamos exhaustos a la Estación Central de La Habana. Había policías por los andenes revisando los bultos de los pasajeros y solicitándoles nuevamente la identificación personal. Sin embargo, no tuve que presentar la mía, pues los policías habaneros, racistas en extremo, al ver mi fisonomía europea (de la que ya escribimos en la crónica “Las apariencias engañan”), me ignoraron y traspasé sin problemas la reja principal de la estación. Antes de salir del magnífico edificio construido a mediados del siglo XIX, muy cerca de las ruinas de la muralla de La Habana, me dirigí al salón donde permanece la primera locomotora que circuló en Cuba, en el trayecto Habana-Bejucal.

Ya en la calle, se me acercaron taxistas, conductores de bici taxis, vendedores de chuchería, vendedores de dólares y hasta algún niño pidiéndome una moneda. Toda esta “cubanería” sobrevive cerca de los lugares por donde se mueven los turistas y donde exista la posibilidad de ganarse un dólar. Pero, ¿cómo podía convencerlos yo de que era un paisano como ellos y no un “yuma”? En primer lugar, no me lo creerían y en segundo lugar, si me confesaba cubano ponía en peligro la razón de mi viaje y mi propia seguridad.

Así que salí de la zona lo más rápido posible. No podía ir en bicitaxi porque el bicicletero me pedía 5 dólares hasta mi destino, y los pocos buses públicos pasaban atestados. No me quedó otra opción que devorar las calles de la Habana Vieja, una tras otra, largas, muy largas avenidas habaneras, hasta llegar a Peñalver, en el municipio Centro Habana, como a 10 kilómetros de distancia de la estación de trenes.
Allí, en un viejo edificio de apartamentos, tenía su modesta casa el poeta, periodista cubano, Raúl Rivero. Me percaté que las dos esquinas de la calle Peñalver estaban rodeadas por carros policiales. Pasé entre ellos desapercibido, localicé el edificio, subí las escaleras y me encontré el apartamento con la puerta abierta, como a la espera de alguien. Adentro, sentado en una mecedora , cerca del balcón, estaba Rivero. Me saludó con un afectuoso abrazo y con voz profunda de poeta me invitó a sentarme a su lado. “¡Hermano, te dejaron pasar, ¿cómo hiciste?”, me preguntó Raúl. “¡Nada, no hice nada, sólo los ignoré como hacen los turistas!”, le expresé. “¡Coño, verdad que tú pareces alemán o canadiense!”.

Nos tomamos una rica taza de “café mezclado” -lo único que había caído en mi estómago desde la noche anterior-, y le entregué las notas de mis compañeros y las mías.
Rivero las leyó emocionado, a intervalos sonreía, hacía acotaciones, me preguntaba por la vida de algún periodista y seguía leyendo con interés. Nunca vi a nadie leer con tanto respeto aquellas noticias, poemas, reportajes, relatos y por supuesto denuncias de violaciones de derechos humanos y de abusos cometidos por las autoridades. Eran los escritos de profesionales sin empleo, de escritores a quienes no se les permitía publicar: no eramos mercenarios de la palabra como se nos ha querido hacer ver internacionalmente.

Cuando Raúl Rivero terminó su lectura, tomó el teléfono, llamó a un número y empezó a releer las cuartillas. Al otro lado de la línea, alguien se encargaba de grabar para posteriormente transcribir los textos que más tarde pasarían a las páginas de algún diario. De esa manera sencilla pero efectiva, la opinión pública internacional se enteraba entonces (en pleno Periodo Especial) de la realidad cubana de aquellos días; de esa realidad que a pesar del tiempo transcurrido aún no sale publicada en los diarios oficiales cubanos.

En contradicción con el pensamiento martiano, de que todo hombre tiene el derecho a expresar y escribir lo que piensa, el periodista independiente -como cualquier tipo de disidente siempre indeseado por las revoluciones totalitarias-, es una persona “non grata” para el proceso cubano: tan solo porque es alguien que disiente de una política. Es como una herida abierta que no sana, una amenaza a pesar de que su única arma es una vieja máquina de escribir que te prestan o heredas de alguien. El periodista independiente no tiene papel para escribir, no posee cámara fotográfica ni de video; menos aún computadora, ni acceso a Internet, ni servicio de cables, ni cobertura de los medios. Y por si fuera poco, lo que hace, es decir escribir sobre lo que le rodea, es delito que se paga con varios años de prisión...


Dos décadas después de los hechos aquí narrados, la tecnología ha abreviado el camino. Las redes sociales, los blogs, el uso de smart phones, de tabletas, laptos y un mayor acceso a Internet permite a los periodistas de hoy, -y a quienes ni siquiera lo son-, hacer su trabajo cómodamente, tomar fotos, videos, etc., y enviarlas al momento sin riesgos mayores: gozan de mayor difusión y disfrutan de premios o reconocimiento mundial que nosotros sólo podíamos soñar en los 90. Pero esto es posible hoy gracias a la valiente labor de aquellos, mis hermanos periodistas independientes que sufrieron prisión o fueron perseguidos, y tras dejar atrás su patria amada, diluyen sus vidas en el triste anonimato del exilio forzoso mientras otros se llevaron sus anhelos. 

Nota del autor: Este relato forma parte del libro "Crónicas de un pilongo". 
Autor: Ángel Cristóbal. Editorial Letras Latinas, 2015.  


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Libertad sin ira


En Cuba, desde 1790, azotaron la isla los vientos de modernidad de la Ilustración, bajo el auspicio del obispo Espada, interesante prelado cuya aspiración era hacer una reforma social controlada por la naciente intelectualidad criolla. La cultura ya comenzaba a verse entonces como la palanca del progreso económico y político, que es hoy en día.
Así fue que, a través de asociaciones como la Sociedad Económica de Amigos del País, se hizo notable la introducción de las ciencias y el aprendizaje del debate público, mediante el surgimiento de la prensa periódica, y surgió la reforma filosófica con la modernización de la enseñanza de las ciencias sociales y exactas.
La filosofía fusionó ciencia, ética, política y cultura, con la selección de un sistema de ideas en función de los intereses de los criollos. Es la época de la educación para la libertad y el patriotismo, de la amistad entre los grandes maestros con los alumnos más aventajados: el padre Félix Varela, el filósofo José de la Luz y Caballero, el economista José Antonio Saco, el educador Antonio Bachiller y Morales y el intelectual Domingo del Monte; destacan en la formación de un sentimiento y pensamiento nacional.
Brillan la poesía y la literatura en las plumas de José María Heredia –quien vivió varios años en Venezuela, dejó en esta nación un bello poema y murió desterrado en México, país donde escribió “Oda al Niágara”-, el novelista Cirilo Villaverde –creador de la famosa novela costumbrista “Cecilia Valdés”-, la poetisa y defensora feminista Gertrudis Gómez de Avellaneda y el poeta patriota Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) –quien publicó en muchos diarios de Santa Clara, Cuba y murió fusilado por los españoles acusado de conspiración.
Las artes plásticas tienen excelentes exponentes como Juan Bautista Vermay y Miguel Teurbe Tolón. Y la música vibró en el talento, las obras y los instrumentos de Manuel Saumell, Ignacio Cervantes y José Brindis de Salas –éste último el único violinista negro de aquella sociedad colonial, que se le permitía tocar en los salones.
En la primera mitad del siglo XIX, se produce la primera batalla de ideas que gesta los dos valores fundacionales de la patria cubana, demostrados en la guerra emancipadora iniciada el 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte: la independencia nacional entendida como soberanía y la justicia social comprendida como abolición de la esclavitud.
Todas esas figuras patricias mencionadas y otras más, imposible de citarlas todas en este libro, integran un grupo selecto de 67 personajes masculinos y femeninos, quienes se encuentran expuestos, minuciosamente retratados e identificados, en un mural que, a manera de lectura rápida de la historia cubana, ha sido pintado en la fachada del antiguo Liceo Artístico y Literario de La Habana el cual se ubicó entre 1844 y 1869 en la casa del Marqués de Arcos. Esta edificación del siglo XVIII, restaurada en todos sus detalles por la Oficina del Historiador de La Habana, puede ser visitada por hoy en día en la calle Mercaderes, entre Empedrados y O’Reilly, en la Habana Vieja. La obra mural fue creada por un equipo de realización dirigido por el escultor Andrés Castillo, a partir de la idea del arquitecto Augusto Rivero, y se ha convertido en una parada obligada en el recorrido de los turistas nacionales y extranjeros que visiten esta bella ciudad y deseen conocer su historia.
Nadie duda hoy que José Martí sea para los cubanos -y también para los latinoamericanos-, la cúspide de la obra política, de la cultura artístico-literaria y de la reflexión filosófica de una época: el sumun de la nación cubana. Pero es justo señalar que su genialidad se levanta sobre los hombros de las magnas figuras aquí destacadas. Es preciso sanar pues la omisión del hecho artístico, integrando a ese grupo de personajes ya mencionados, la figura del niño José Martí, laureado con medalla de mérito escolar, siendo conducido, en la acera del Liceo, por la mano de su maestro Rafael María de Mendive.




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XI Feria Internacional del Libro de Venezuela


Autores, editores, casas y sellos editoriales, libreros, distribuidores y por supuesto los lectores, se preparan ya ante la apertura de la XI Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven), la cual se efectuará del 12 al 22 de marzo en los espacios de la Universidad Experimental para las Artes (UNEARTE), el Teatro Teresa Carreño y en la Plaza de Los Museos; además de varias salas del Museo de Bellas Artes (MBA) y el Museo de Ciencias, en Caracas, lugares donde se ofrecerán ventas de libros, presentaciones, conversatorios, talleres, conciertos, gastronomía, artesanía y las más variadas actividades culturales para para todo el público; desde la 10 de la mañana hasta las 8:00 de la noche.

Le correspondió este año a Puerto Rico ser el invitado de honor, país que participará con una variada muestra cultural caribeña que incluye a músicos emblemáticos de esta nación como Danny Rivera, así como también los escritores Eric Landrón, Antonio Nadal, Aurea María Sotomayor, Carlos Roberto Gómez Beras, César Colón Montijo, David Cortés Cabán, Edwin Quiles Rodríguez, Georgina Lázaro, Janette Becerra, José Ramón “Ché” Meléndes, Juan López Bauzá, Luis Díaz, Luis Felipe Díaz, Luis López Nieves, Magaly Quiñones, Marie Ramos Rosado, Mayra Montero, Miguel Ángel Náter, Nancy Bird-Soto, Raúl Guadalupe de Jesús, Sergio Gutiérrez Negrón, Sofía Irene Cardona, Teófilo Torres, Vanessa Vilches Norat y Eduardo Lalo, este último ganador del Premio Rómulo Gallegos en el 2013 por su novela Simone.

El escritor homenajeado este año será el venezolano César Rengifo, gran artista plástico, poeta, dramaturgo y ensayista político. En el marco de la Filven 2015 se presentarán algunas de sus obras teatrales así como muestras de su obra plástica, y varias ediciones de libros del autor estarán disponibles.

En la Filven 2015 esta ocasión participarán 232 sellos editoriales, 120 expositores nacionales y 32 internacionales como: Argentina, Alemania, Brasil, China, Australia, Cuba, Ecuador, Francia, Haití, País Vasco, Irán, Italia, México, España, Palestina, Panamá, Perú, Portugal, Puerto Rico y República Dominicana, con un porcentaje de 75% editoriales privadas y 25% editoriales del Estado.

El pabellón infantil estará ubicado en la Plaza de Los Museos, con una superficie de 235 mts²,  donde a partir de las diez de la mañana se organizarán actividades dirigidas a niños y niñas, relacionadas con el libro y la promoción de la lectura, como talleres literarios, cine infantil, elaboración de juguetes artesanales, teatro y circo.

Filven 2015 será, como de costumbre, un evento que reunirá a todo el pueblo venezolano y latinoamericano para “¡Leer al mismo son!”.

Editorial Letras Latinas presentará en la Filven 2015 los títulos:

La lengua popular cubana. Catauro de cubanismos
Autores: Felicia Jiménez y Ángel Cristóbal

La Kabbalah y el hilo rojo
Autora: Felicia Jiménez Gómez

Enigmas del Tercer Reich. Misterios de la SGM
Autor: Ángel Cristóbal García

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Crónicas un pilongo en La Habana


Librerías, bibliotecas públicas y privadas, y público en general ya pueden solicitar sus pedidos del nuevo libro de Editorial Letras Latinas, "Crónicas de un pilongo en La Habana", del escritor cubano-venezolano, Ángel Cristóbal García. El texto compila una serie de artículos periodísticos, en el género de crónica, muchos de los cuales el autor los escribió en Cuba, entre 1989 y 1996. Algunas crónicas fueron publicadas por periódicos y revistas de la Florida (Estados Unidos), y en Madrid (España), y forman parte de un libro que originalmente tituló "Noticias y confesiones. Crónicas de la ciudad", el cual nunca pudo editar en la isla.

En 2004, residenciado ya en Venezuela, varios de estos relatos formaron parte del exitoso libro "Historias Asombrosas", primera edición, donde incluyó un capítulo dedicado íntegramente a la situación cubana. 

Ante la buena acogida que entre los lectores tuvieron estos textos, su autor rescató el libro original que ahora nos presenta bajo el sugerente título "Crónicas de un pilongo en La Habana". La parestroika y la glasnot soviética, el periodo especial... los sacrificios que enfrentó diariamente la sociedad cubana durante aquella larga década; son descritos aquí de una manera documental y a la vez amena; con buen humor, y aportan nuevas luces tanto para el investigador interesado en temas latinoamericanos y cubanos, como para lectores quienes conocieron y vivieron en carne propia todo lo que aquí se describe. 

Un libro lleno de datos históricos, anecdótico, escrito desde adentro de Cuba en momentos cuando nacía una prensa independiente disidente, perseguida y execrada, y no desde la comodidad, la inmediatez y la seguridad que disfrutan en el exterior los cronistas y analistas aficionados que proliferan en las redes sociales de nuestros días.

INDICE TEMÁTICO

I. Parte. La ciudad del pilongo

-Al pie del tamarindo
-El parque Vidal
-El teatro La Caridad
-Marta Abreu de Estévez: la general en el exilio
-La verdadera historia del niño de la bota
-La levita negra
-Un güije en la torre de Buen Viaje
-Fiestas de fundación
-Los lavaderos públicos
-Un obelisco en forma de raspadura
-¡Ñoooo, to' el que se jode es güeno!
-Un viaje en la lechuza
-La mujer del Capiro
-¿Ha visto mi pericia?
-España tuvo a Platero y Santa Clara a Perico


II. Parte. Crónicas del pilongo

-El perro de la muerte
-La levita negra
-La bola de afeitar
-El fantasma de Garófalo
-El zapatero de Machado
-Las apariencias engañan
-Recuerdos de la toma de Santa Clara
-Yolanda, eternamente
-Trabajo voluntario
-El extraño caso del escudo de la ciudad
-El compañero León
-Cuentos de muertos y aparecidos
-El secreto de Pepe el yuma
-Easy shopings
-Conspiración en la casa de los muertos

III. Parte. Crónicas de la prensa independiente

-Los presidentes de Cuba
-Contrastes del presidio político
-Conciertos por la paz
-El cartero llama diez veces
-Asalto al Palacio Presidencial
-Veritates soli nobi imponetur virilis toga
-Una tarde con la niña milagrosa
-El regreso del hijo pródigo
-Fracesillas célebres cubanas
-Camilo te debo una canción
-Conspiración en la iglesia de la calabaza
-Hilario Feijóo y el sensible zarapico
-Espionaje santero
-El manto de la Virgen
-Miércoles de ceniza

Epílogo: Los buenos duermen mal



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Regreso a las armas: el Hemingway cubano

Jean Patchet y Ernest Hemingway en Finca Vigía, 1950

Por Ángel Cristóbal

A finales de los noventa, comencé a escribir en Cuba un ensayo biográfico sobre el escritor norteamericano Ernest Hemingway, inspirado en un viaje que realicé a La Habana, a mediados de los ochenta en unión de mis compañeros y compañeras de estudios universitarios, y a pocos meses de culminar la carrera de Filología. Pero no me fue posible publicarlo sino muchos años después, cuando ya viviendo fuera de la isla fundé la editorial Letras Latinas Publishers, y en 2006 salió la primera edición de Regreso a las armas. Crónicas de guerra

Con la sapiencia que sólo otorga el paso del tiempo, aquella etapa de mi estancia en la Universidad Central de Las Villas fue una de las más hermosas de la temprana juventud, cuando, como colofón cultural al amplio pensum de materias -tanto en la rama de literatura, como en la de lingüística-, los tutores de nuestras tesis de grado nos planificaron interesantes viajes complementarios: primero a villas antiguas como San Juan de los Remedios (Villa Clara), Santísima Trinidad y Sancti Spiritus, y más tarde a San Cristóbal de La Habana, donde reforzamos los conocimientos sobre el arte y la arquitectura colonial, las artes pictóricas y escénicas de los siglos XVIII y XIX, además de un acercamiento al cine cubano contemporáneo; todo ello de la mano de eminentes historiadores como el Dr. Eusebio Leal -historiador de La Habana-, críticos de arte como la Dra. Graciela Pogollotti, y críticos de cine como Enrique Colina.

Regreso a las armas precisamente en su introducción ameniza aquel recorrido habanero que terminó en San Francisco de Paula, lugar donde se encuentra la famosa Finca Vigía, cuya celebridad debe a quien fuera su más eminente dueño: el escritor y reportero norteamericano Ernest Hemingway. Destaco en negritas la palabra reportero, porque dedico la mayor parte del libro al género reporteril bélico, que explotó Papa Hemingway, y del cual obtuvo los mejores dividendos en conflictos del siglo XX como la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Guerra Civil Española (1937-1939), y la II Guerra Mundial (1939-1945).

Hemingway obtuvo suculentos contratos de prensa, en una época cuando llegó a ganar hasta 500 dólares por cada telegrama que enviaba con sus historias y crónicas del frente a las redacciones que le habían solicitado sus servicios. Pero lo más insólito de esos años, fueron los recorridos que el autor de "Adiós a las armas", hiciera por la corriente del Golfo, a la caza de submarinos alemanes, entre 1942-43.

Narramos allí un estudio desconocido, sobre esta poca difundida actividad anti-nazista de Hemingway: un hombre que fue capaz de proezas de esa naturaleza, y que, sin embargo, no pudo superar su propia crisis; acosado por el FBI, que en un primer momento lo contrató como espía, y más tarde le vigiló por su simpatía con la Revolución Cubana, y su líder Fidel Castro, de quien fue un gran amigo -y éste un profundo estudioso de la obra hemingwayana.

Extrañas recaídas depresivas causadas por una vejez prematura que deterioró su mente, y su voluntad de vivir amarrado a un cuerpo que ya no le respondía, ocasionaron el trágico final del 2 de julio de 1961, con 61 años de edad.

Portada de la 2nd edition
Figura controvertida para muchos, Hemingway seguirá siendo para Cuba un amigo especial; por eso usted se encuentra estatuas del escritor en el pueblo pesquero de Cojímar, en el bar Floridita, o eventos de pesca como el Torneo Internacional Ernest Hemingway, y la gente viaja al Basílica del Cobre, al oriente del país, para ver la medalla de oro de su premio Nobel de Literatura 1954, que se resguarda allí. Pero además, en La Habana, específicamente en el hotel Ambos Mundos, y después en Finca Vigía, escribió la mayor parte de sus famosas novelas y libros de relatos.


No podía pues, dejar pasar la oportunidad que brindan también las redes sociales como herramienta para profundizar nuestro conocimiento y nuestra cultura,  para invitarles a revivir a través de su obra, distintos momentos de uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos que vivió dos décadas en Cuba: escudriñar sus comienzos en aquel París de la “generación perdida”; conocer los famosos encuentros con literatos como Gertrude Stein, Scott Fitzgerald, Ezra Pound; las cacerías y pesquerías; sus rivalidades con magnates, discusiones y riñas callejeras. Y por supuesto, sus amores, que culminan en mi ensayo con la historia más triste protagonizada por un hombre acabado, rodeado de hipócritas mujeres.


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BOOKS FOR LIBRARIES & LIBRARIANS

Lic. Felicia Jiménez. Vicepresidenta de Editorial Letras Latinas
Estimados libreros y bibliotecarios. Me complace anunciarles que ya está a vuestra disposición nuestro catálogo de ventas 2015, Books for Libraries, dirigido a Librerías y Bibliotecas universitarias e institucionales. Ediciones de autor con la reconocida calidad y la seriedad científica que caracteriza a Editorial Letras Latinas.
Gracias por su atención.
Atentamente.
Lic. Felicia Jiménez Gómez
Vicepresidenta de Editorial Letras Latinas


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José Martí y los partidos políticos

José Martí (1853-1895)
Martí siempre tuvo muy claro el papel de los partidos políticos en una democracia y el papel de los pueblos en ella. De modo que ningún grupo o clase social se confunda con el pueblo soberano, lo suplante en el ejercicio de su soberanía, ni excluya a otros grupos, sean mayorías o minorías, de la participación en la vida democrática de su propio país: para él, soberanía radica en el pueblo.
En 1894, al cumplirse el tercer aniversario de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, Martí aclara su concepto:
"A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad. Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes. De odio y de amor, y de más odio que amor, están hecho los pueblos; sólo que el amor como el sol que es, todo lo abrasa y funde..."
En varias ocasiones se ha intentado justificar la hegemonía y exclusividad de un único partido en Cuba pos revolucionaria, argumentando que José Martí fundó un solo partido. Es por lo menos ingenuo, pensar que un hombre puede fundar a la vez varios partidos. Lo que habría que dar a conocer es qué pensaba, qué decía y qué realizaba ese hombre con relación a la democracia y el papel de los partidos en ella. Esta cita que ilustra este trabajo es una declaración exacta de lo que Martí pensaba sobre ello.
Filólogo Ángel Cristóbal García
Bastaría esa cita para convencer del criterio pluripartidista de José Martí y de que ese concepto democrático no estuvo nunca reñido con el de la unidad que él fraguó, edificó y defendió en absoluto respeto a "los factores diversos y opuestos del país", tal como escribe.
Pero debemos profundizar más en el concepto de política partidista que postulaba el Apóstol y que los cubanos y cubanas de hoy tanto necesitamos discernir y practicar en esta hora clave para la República.
(Tomado de: Tras la huella de Martí en Caracas. Ángel Cristóbal García. Editorial Letras Latinas, 2015)
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Armando Reverón: La pintura es la verdad

El escritor cubano-venezolano Ángel Cristóbal García, es autor de este libro que formó parte de una serie de monografías que compilan la vida y obra de destacados artistas, intelectuales y humanistas venezolanos, y ahora edita de manera independiente

El escritor Ángel Cristóbal García y el editor Luis Enrique Hernández

Por Felicia Jiménez. Foto: Julio Rojas / Especial para Prensa del Sur

(Caracas, 6/2/15).- A dos años de haber sido presentadas por la Fundación Editorial El Perro y la Rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, dos monografías, una titulada “Oswaldo Vigas”, y la segunda “Alejandro Otero”, la casa editorial Letras Latinas presentará en la próxima Feria Internacional del Libro de Caracas, el título "Armando Reverón: La pintura es la verdad".

La biografía del genial pintor venezolano fue investigada y redactada por el periodista y escritor venezolano de origen cubano, Ángel Cristóbal García, quien agradeció a la referida fundación editorial la confianza depositada en su persona para producir esta serie.

Cristóbal ha ratificado siempre que su formación profesional como lingüista no le ha impedido desarrollar conocimientos en el ámbito de las artes plásticas y en materia de teoría de la investigación, sendos posgrados que le han permitido llevar a cabo con paciencia esta tarea de investigar y reconstruir la vida y obra de artistas que, en la mayoría de los casos, sus biografías están disgregadas en artículos de prensa, catálogos, entrevistas y libros de arte: “El trabajo del investigador es recopilar toda esa información, como una hormiga, procesarla y armar el ensayo, también con un aporte generoso de imaginación por parte del ensayista”, dijo.

Agregó que a fin de cumplir cabalmente con los títulos solicitados por la Fundación Editorial El Perro y la Rana, se esforzó por estudiar a fondo a los grandes maestros de las diversas etapas de las artes plásticas venezolanas, hombres y mujeres quienes han dejado huella imperecedera en la pintura, la escultura, y la fotografía del país. Del mismo modo afirmó que se esmeró por escribir estos ensayos monográficos con textos agradables dirigidos a todo tipo de lector, “pues la idea es promover el interés de las nuevas generaciones por las artes”. 

Reverón es, sin la menor duda, el más grande de los pintores venezolanos y buena parte de la crítica que se ha ocupado de su obra se propuso explicar por qué ha de considerársele así. Pero además de su obra, su trayecto vital ha despertado una enorme curiosidad y, en consecuencia, está totalmente documentado y auscultado. La personalidad del pintor ha fascinado también a los psiquiatras a partir de los informes del Doctor Báez Finol quien lo trató en el sanatorio cuantas veces sufrió una crisis mental severa.
Armando Reverón
Interesantísimas conjeturas han urdido los psiquiatras a partir de la lectura de su universo simbólico, su vida de ermitaño en El Caney de la playa, sus obsesiones femeninas y tantas otras noticias que la vida de Reverón brindó como un banquete abundante. Pero antes del interés de los galenos, ya había sido presa de las cámaras de los fotógrafos y de los cineastas y, fue desde siempre, amigo de los escritores y, por supuesto, compañero de viaje de los pintores de su tiempo. Eso sí, todos convocados en los espacios de su reino. Allí donde el único sacerdote y cacique era él.

Y es que, Armando Reverón fue, indudablemente, un personaje inclasificable dentro de los movimientos artísticos que prevalecieron durante sus años de vida; difícil de etiquetar, en todo el sentido de la palabra. Fue genio y figura hasta la sepultura, pero mucho más allá de su destino mortal, ha trascendido la muerte para continuar asombrando a sus estudiosos. 

En esta monografía de Ángel Cristóbal García, el autor adentra al lector en la vida y obra de este hombre de barba, en pantalones cortos que, para pintar, se apretaba la cintura con una soga, buscando separar las alturas del espíritu de las bajezas de la carne. Allí oficiaba aquel artista iluminado que pintó la luz y sombra caribeñas.
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La vena del centro: trova santaclareña




"Para ti Ángel, 
por la historia acumulada
que tanto inspira y te agradecemos.
Está aquí la historia de una pasión
donde tuviste buena parte"
Un abrazo,
Alexis, 18-5-11











por Alexis Castañeda Pérez de Alejo

Hacia 1984-1985 ya se escuchaba por algunos rincones de Santa Clara a Amaury Gutiérrez, Julio Fowler y Carlos Gutiérrez –conocido este último como Carlos Trova. Surgen estos creadores bajo el incentivo de una especie de resignación del movimiento trovadoresco, que comienza a hacer una canción más vuelta hacia la existencia íntima del hombre, interesada en el perfeccionamiento musical y más distante de los asuntos épicos de sus inicios.

Carlos Trova, Julio Fowler y Amaury Gutiérrez.
 Los tres lograrían revitalizar la nueva canción en  el centro de la isla, generándose todo un  movimiento cultural al que se unieron otros  músicos como Lázaro Riera “el Fino”, los  tecladistas Julio Machado y Jorge González  Portal “el Bombero” y el saxofonista Jorge  Roque; artistas plásticos de la talla de Ramón  Carrillo, encargado de armar el ambiente  escenográfico; y poetas entre los que estaban  Ricardo Riverón, Frank Abel Dopico, Alpidio  Alonso y el propio Fowler.

Con esta conjunción se lograban populosas peñas que comenzaron los sábados en la Biblioteca Provincial Martí, a las cuales asistían también algunos de los integrantes de la recién fundada Leña del Humor, y el dúo integrado por Ángel Cristóbal – uno de los fundadores de la Nueva Trova en Villa Clara-, y el violinista Misael Barbel quienes también serían invitados frecuentes en los programas del naciente canal Tele Cubanacán. Aquel grupo se trasladó después para el Museo Provincial, luego se comenzó a descargar en El Mejunje, y más tarde en el Museo de Artes Decorativas.

Ángel Cristóbal y Misael Barbel. Captura de video, 1989
Graduado de dirección coral en una escuela de instructores de arte, Amaury Gutiérrez estuvo subutilizado durante varios años en una zona montañosa de la provincia natal. Cuando podía, incursionaba en algunas peñas de trovadores proponiendo sus canciones, ocasiones en las que pudo conocer a otros músicos locales y a los que andaban de paso por la ciudad. Sobresalientes fueron sus temas “Amor blindado”, “En el vórtice de Irela”, “Una mujer se lleva (texto del poeta Jorge Ángel Hernández), “Yo simplemente” y “Tercer mundo”.

Invitado al festival Jazz Plaza, 1990, fue la revelación y recibió felicitaciones y elogios por parte del grupo Irakere y de los no menos conocidos compositores José María Vitier y Pucho López.

Por esta época ya Amaury había alcanzado alturas inusitadas. Su multiplicidad de timbres y precisión técnica le permitían transitar sin riesgos por diferentes géneros musicales, desde la amplia gama cubana hasta los más complejos ritmos y cantos norteamericanos y caribeños: la canción trovadoresca, el son, la guaracha, el filin, el jazz y el blues, además de un estilo de canto cercano a lo que popularizaron los norteamericanos Al Jerau y Bobby Mc Ferry, quienes explotaban al máximo la voz a través de inflexiones y variaciones tonales, hasta llegar, incluso, muy cerca de los secretos del be pop.

Invitado a cantar con el grupo Afrocuba (que grabara con Silvio Rodríguez el disco “Causas y azares” y fue su acompañante en varias giras internacionales), el intérprete villaclareño se vio de súbito en el escenario del Caracas Jazz Festival, 1990. Sobre esta presentación escribiría el crítico Efraín Corona en El Diario de Caracas, el 23 de septiembre: “Se destacó la pieza ‘Guajira con tumbao’ interpretada por el vocalista Amauy Gutiérrez; solo de voz combinado con sonidos onomatopéyicos y golpes de pecho con la mano derecha”.

Después vendría el Festival Cervantino de México, en noviembre del propio año. Allí la prensa destacó también al joven vocalista de Afrocuba.

A pesar de los éxitos, Afrocuba no pudo mantener en Cuba sus planos estelares y, tras varios tropiezos, un mal día Amaury se vio en La Habana sin tener dónde trabajar.

Después de azares y búsquedas dio al fin con la nómina de un grupo salsero llamado La Ley, que necesitaba precisamente a un cantante para poder cumplir un contrato en México. Ya en tierra azteca de nuevo, Amaury decidió, como en otros tiempos lo hicieron Benny Moré y Pérez Prado, probar suerte; finalizaba 1992.
 
Encuentro en la rueda de prensa 
Tras varios años de vadeo y embestidas a los medios promocionales, pudo escucharse al fin, ampliamente, su voz gracias a la firma Universal que lanzó un primer CD que se llamó igual que el cantante. Pronto salieron otros más: “Piedras y flores”, “Alma nueva” y “Se me pegó tu nombre”. En 2000 llegó a Caracas para la promoción de “Piedras y flores”, y en la rueda de prensa que ofreció a los numerosos medios caraqueños; se llevó con una grata sorpresa que nunca olvidará: entre los periodistas, representando a la revista dominical Fascinación, estaba un antiguo trovador cubano y santaclareño, Ángel Cristóbal García.
Amaury nos llegó entonces desde otro concepto musical, dentro de la línea del pop y con una óptica de estos tiempos donde no se pueden desdeñar las señas del mercado; de ahí que varias de sus canciones serían temas de conocidas telenovelas. No obstante, sus amplias facultades vocales le dan ventajas y facilitan el tránsito sin perder la originalidad que siempre le han acompañado. Aunque, en honor a la calidad, ninguno de sus discos posteriores ha tenido la altura alcanzada por el primero.

Tomado de: 
La vena del centro: trova santaclareña. Ensayo. Alexis Castañeda Pérez de Alejo. Ediciones Sed de Belleza, 2010. Pág. 39-42. Capítulo editado por Ángel Cristóbal García para Editorial Letras Latinas, Caracas, 2015.


  
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Con todos y para el bien de todos

Filólogo Ángel Cristóbal García
(Caracas, 30/1/15). Del 19 al 29 de enero tuvo lugar en Caracas la jornada martiana, con diversos actos culturales que celebraron los 134 años de la llegada de José Martí a Venezuela, y el 162 aniversario de su natalicio en La Habana, Cuba.



Por Felicia Jiménez / Prensa del Sur
Fotos: María Cristóbal

Un amplio programa desarrolló el Ministerio del Poder Popular de la Cultura, a través de la Biblioteca Nacional de Venezuela y su ente adscrito la Casa Nuestra América José Martí; con el apoyo de organizaciones sociales como la Asociación de Cubanos y Cubanas Residentes en Venezuela, el Club Bolívar-Martí, y el Comité de Solidaridad Venezuela-Cuba.

José Martí arribó a costas venezolanas el 19 de enero de 1881, y llegó a Caracas dos días después. Las incidencias de este viaje las inmortalizó en su relato Tres Héroes, publicado en el primer número de su revista La Edad de Oro, empresa que concretó en Nueva York, en julio de 1889.

En Caracas pronunció discursos, impartió clases de francés y oratoria, escribió el poemario Ismaelillo, colaboró con el diario La Opinión Nacional y fundó la Revista Venezolana, en la cual publicó su conmovedor ensayo "Ha muerto un justo", a raíz de la muerte del destacado intelectual venezolano Cecilio Acosta, con quien compartió veladas culturales e intercambió ideas sobre la independencia de los pueblos americanos. A causa de este artículo publicado el 15 de julio de aquel año, se especula que el propio presidente Antonio Guzmán Blanco, le solicitó que abandonase el país, pues Cecilio Acosta fue calificado por el joven escritor como el más brillante opositor de Guzmán Blanco. El futuro apóstol de la independencia cubana partió para Nueva York pocos días después del incidente, y desde la Guaira escribió una nota de despedida al director de La Opinión Nacional en la cual expresó su célebre frase: De América soy hijo, a ella me debo. Déme Venezuela en qué servirla, en mí tiene a un hijo.

Precisamente sobre estos aspectos versó el conversatorio impartido este jueves por el filólogo, escritor y periodista cubano-venezolano, Ángel Cristóbal García, llevado a cabo en la Sala de Libros Raros y Manuscritos, del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y Servicios de Bibliotecas (BNV) enclavado en el Complejo Cultural Foro Libertador. Con el título de “Cecilio Acosta y José Martí: De América soy hijo; la disertación estuvo ambientada en la época de la llegada del prócer cubano a Venezuela, y para ello se preparó una muestra con libros, periódicos y manuscritos de José Martí y de Cecilio Acosta. Para lograr ese objetivo, se contó además con el apoyo del director de esta Sala, licenciado Gabriel Saldivia, quien es además un especialista en materia de libros raros y documentos.

Lic. Gabriel Saldivia, experto en manuscritos y libros raros.
Según expresó el ponente, un joven Martí de apenas 28 años de edad, llegó a Caracas precedido por una fama de escritor y ensayista, corresponsal de importantes diarios como El Universal, de México, La Opinión Nacional, de Venezuela, y The New York Times, de Estados Unidos; y conoció en Caracas a un Cecilio Acosta ya en el otoño de su vida, en la más absoluta pobreza y austeridad, pero aún lleno de ideas, quien impresionó al cubano por la intensidad y claridad de su pensamiento.

Poco tiempo después, se produjo la muerte de Acosta, y Martí escribió el ensayo “Ha muerto un justo”, el cual publicó en el segundo número de Revista Venezolana, empresa editorial que fundó aquí con la ayuda del director de La Opinión Nacional. En dicho artículo el patriota cubano describió a Don Cecilio Acosta como un hombre que realizó aportes no solo a la jurisprudencia venezolana, sino que desarrolló ideas, conceptos sobre el papel transformador que deben tener los pueblos en los gobiernos y sus gobernantes. También lo llamó “el más brillante opositor de Guzmán Blanco”.

Este artículo publicado el 15 de julio de 1881, provocó la ira del “Ilustre Americano” –como se hacía llamar entonces el presidente Antonio Guzmán Blanco-, y ante la negativa del revolucionario cubano a la solicitud de Guzmán Blanco de que le dedicase una semblanza en el siguiente número de la Revista, Martí tuvo que abandonar con prontitud las tierra venezolanas.

El conversatorio del filólogo Ángel Cristóbal, según sus propias palabras, evitó el lenguaje  académico. El intelectual nos habló de Martí y de Acosta desde su corazón: “No esperen titulares para ediciones de periódicos mañana, ni párrafos rebuscados, hoy les voy a hablar de un Martí más cercano, de carne y hueso, a quien los cubanos y cubanas debemos el poder conocer, desde nuestra infancia, a un Bolívar héroe, de cuento infantil, en esa maravillosa obra que es La Edad de Oro”, por ello insistió en la necesidad de seguir promoviendo esta publicación “que es considerada por muchos críticos como el mejor texto dedicado a los niños y niñas de este continente”.

Describió curiosidades sobre las características físicas de José Martí, su vida íntima, sus relaciones con los hombres y mujeres de su época: “Sé que detrás de ese periodista, de ese pensador, de ese escritor, de ese político republicano y democrático, de ese filósofo y poeta, había un hombre sensible y apasionado, alguien que podía ser arte entre las artes y monte entre los humildes, como su famoso verso que nos da luces sobre sus propósitos de vida: Arte soy entre las arte, y en el monte, monte soy”.

Cristóbal García invitó a acercarse a la Biblioteca Nacional y conocer las obras de estos dos grandes hombres, leer sus libros y escudriñar en sus cartas, documentos y papeles que aquí se conservan cual tesoro sagrado de la Patria. Exhortó a los jóvenes a “dejar a un lado el facilismo del corte y pega de Internet, porque hay muchas cosas interesantes por descubrir, mucho más educativas para las generaciones de hoy y de mañana: conocer de dónde venimos y por qué estamos aquí”. Y acotó: “Como latinoamericanos, debemos amar, aceptar lo nuestro y sentirnos orgullosos de ser americanos”.

Por su parte, Gabriel Saldivia, quien fue el presentador del ponente, concluyó la grata actividad destacando que en esta Sala, entre otras maravillosas colecciones, se encuentran los archivos completos de Cecilio Acosta, pero también de Antonio Guzmán Blanco, decenas de miles de documentos, ejemplares de periódicos del siglo XIX venezolano, libros impresos en diversas épocas, así como grabados de la antigua Caracas y del litoral Vargas, que ilustran a quienes los consultan sobre la historia de Venezuela.   




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