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Marta Abreu de Estévez: benefactora de Santa Clara, Cuba

Todavía hoy, a Santa Clara se la conoce como “la ciudad de Marta” e instituciones como la prestigiosa Universidad Central de Las Villas lleva su nombre. ¿Quién fue esta mujer y a qué se debe su trascendencia histórica? Veamos que nos dice al respecto el escritor Alberto Anido, autor del cuadernillo “Marta Abreu Estévez”, publicado por ediciones Escambray en 1993, y el cual tuve el placer de editar e ilustrar algunas de sus páginas.

Por Ángel Cristóbal

«No saben ustedes, los villareños, los cubanos todos, cuál es el verdadero valor de esta señora. Si se sometiera a una deliberación en el Ejército Libertador el grado que a dama tan generosa habría de corresponder, yo me atrevo a afirmar que no hubiera sido difícil se le asignara el mismo grado que yo ostento».
Así expresó, refiriéndose a la patriota y benefactora de Santa Clara (Cuba) Marta Abreu de Estévez, el generalísimo Máximo Gómez Báez en visita a esta ciudad el 13 de febrero de 1898.
Elogiosas fueron también las palabras de Fermín Valdés Domínguez, el gran amigo de José Martí: «Su patriotismo es la cifra y la clave de todas sus excelsas virtudes».
En busca de esos pormenores casi inéditos que siempre rondan la vida de las grandes figuras, resalta como dato curioso que esta ilustre cubana, estando en París a finales del siglo XIX, solía utilizar como seudónimo el nombre del Mayor, a la hora de firmar los documentos en los que notificaba al mando cubano el dinero que estaba dispuesta a entregar a la causa independentista de la Isla.
Muestra elocuente de ello tuvo lugar cuando, al enterarse de la inesperada caída de Maceo en Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, transmitió con urgencia un cable a Tomás Estrada Palma, por entonces al frente del Partido Revolucionario Cubano, en el que comunicaba: «Diga si es cierta la desoladora noticia. Cuente diez mil pesos, adelante. Ignacio Agramonte».
La acendrada pasión de esta mujer por su tierra natal se hizo mayor al verse obligada a abandonar el país tras el estallido de 1895, debido a que las ideas revolucionarias que compartía con su esposo, el abogado matancero Luis Estévez, ya eran conocidas por las autoridades coloniales.
Explica la historiadora local Marta Anido Gómez Lubián que desde París el matrimonio de cubanos realizó una valiosísima contribución monetaria a la nueva gesta que desde el exterior había organizado Martí.
Tanto era su delirio por ver conquistada la soberanía de su Isla querida que en una ocasión llegó a afirmar: «Mi última peseta es para la República. Y si hace falta más y se acaba el dinero, venderé mis propiedades, y si se acaban también, mis prendas irán a la casa de venta. Y si fuera poco, nos iríamos a pedir limosna por ella. Y viviríamos felices porque lo haríamos por la libertad de Cuba».
Muchas son las contribuciones que Marta Abreu legó a los habitantes de Santa Clara: el teatro La Caridad, cuatro lavaderos públicos, tres colegios para niños y niñas pobres, la estación de ferrocarril (una de las más bellas del siglo XIX que se conserva en Cuba), y en 1895; la planta eléctrica que permitió a Santa Clara beneficiarse de la electricidad mucho antes que otras capitales de la isla. La edificación de un centro meteorológico, dotado de moderna tecnología para aquella época, en el que trabajaría el sabio local Julio Jover y Anido, constituyó también, junto a la inauguración de un dispensario para niños desamparados, otra de sus grandes entregas a la tierra que la vio nacer, donde el recuerdo es recurrente hoy para quienes habitan la ciudad que ella tanto quiso.