ISSN 2476-1672

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Los tiempos de La Caridad

Aunque desde 1980, venía publicando en el periódico local Vanguardia una serie de artículos sobre viejas edificaciones, leyendas y tradiciones de la ciudad de Santa Clara -recuerdo algunos como: "El Eco y La Alborada", "Los lavaderos públicos de Marta Abreu de Estévez", "El parque Vidal", "Al pie del tamarindo", "Manuel Dionisio González" y "Fiestas de fundación"-, ello se vio interrumpido por una absurda situación de carácter "ideológico", que ocasionó mi abrupta salida de la Universidad Central de Las Villas -donde trabajaba como redactor de la revista Islas-, y una censura de toda mi actividad cultural y literaria en los años de 1982 a 1993. No fue sino gracias al periodo especial, cuando al país "le apretó el zapato" por una profunda crisis económica, política y social (causada por la desaparición de la Unión Soviética y el llamado campo socialista), que el Gobierno cubano abrió sus puertas (y puertos) a la búsqueda de divisas, y surgieron iniciativas como Colección Escambray (de la cual ya escribimos en artículos anteriores), y ello me permitió regresar a mi actividad investigativa y periodística, a solicitud de los mismos que me habían censurado diez años antes.
Uno de aquellos cuadernillos que conservo con mucho cariño es aquel que lleva el título de El teatro La Caridad, el templo de talía que construyó en Santa Clara la benefactora de la ciudad, Marta Abreu de Estévez. Se trata de un librillo que narra los orígenes de aquel Teatro, los costos de su construcción, las primeras presentaciones teatrales que allí tuvieron lugar y hasta los detalles de su arquitectura; entre los cuales destaca las pinturas que se hicieron en el interior de su techo: una verdadera obra de arte inspirada en representaciones clásicas del drama, la falsa y la comedia, más adelante repetida en el Teatro Terry de Cienfuegos (la eterna ciudad "rival" de Santa Clara).
Tuve la oportunidad en los años 70, y principios de los 80 no sólo de deleitar mi espíritu con artistas nacionales e internacionales que por allí pasaron; sino que me presenté en ese legendario teatro como cantautor con el grupo Los Andes, luego como solista de la Nueva Trova cubana y más tarde con el coro cristiano Getsemaní-HC: inolvidables aquellos conciertos ante centenas de santaclareños y santaclareñas.
¡Cómo olvidar los ensayos y presentaciones del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, de Sarah González, Silvio Rodríguez, Amaury Pérez Vidal, el grupo Moncada, Manguaré o Panorama; cómo olvidar a Mario Crespo, a Jorge Gómez Gutiérrez, a Jorge Octavio Pino, César Bacaró, José Monteagudo (Macuto), Jorge Nazario, Manuel González; a Chaflancito, a José Magide; a Zaragoza, Rogelio Bermúdez, Joaquín Besada, Pucho López, Misael Barbel, Moisés la Rosa; a Fantomas y Manuel Chaviano... en fin, tantos con quienes tuve el honor de compartir amistad, música y excelentes momentos!
A todos ellos, y a quienes olvidé sin intención en este artículo, les dedico este libro del Teatro La Caridad: ahí está su administrador a punto de tocar la campana, apagarán las luces... ¡va a comenzar la función!:  








 
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