ISSN 2476-1672

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Navidad en facebook


Al llegar diciembre y las fiestas de navideñas, la gente cambia de actitud hacia los demás: desde un simple vecino o vecina que pasó 11 meses y medio sin saludarte -sólo Dios sabe por qué-, y ahora te desea ¡felices Pascuas!, hasta esas autoridades de alto nivel que mienten, sin avergonzarse, en sus mensajes navideños, sin olvidar a los presentadores de televisión y sus clásicos reportajes de estos días.
Es en esta época cuando se manifiesta más esa hipocresía globalizada que tiene en las redes sociales y sobre todo en facebook, el más claro ejemplo de la llamada democratización de las comunicaciones que caracteriza a nuestros días: saber qué comemos, cómo vestimos, a dónde viajamos, dónde trabajamos, cómo vivimos, cómo es nuestra casa, quienes forman nuestra familia, y comunicarlo a los demás se ha vuelto una obsesión. Los amigos de tus amigos que no necesariamente son los tuyos, pondrán su marca en like (me gusta) y se unirán al comentario del primero que escribió: ¡te vez muy bien!, ¡linda familia!, ¡amiga los años no pasan por ti!, ¡bella casa, disfrútala!. Todos los comentarios serán favorables, educados, con bendiciones, hasta que a alguien se le antoje una frase fuera de lugar que echará leñas al fuego de pasado o del presente: ¡no me digas que tú nunca comiste picadillo de soya!.. Entonces comienza la guerra fría y el embargo digital (sí, porque aunque hay mucha gente que dice ser demócrata, te censuran vía digital al mejor estilo totalitario) ¡Y vaya que son difíciles de apagar los rumores o las matrices de opinión en las redes sociales!
Ahora, cuando está de moda la Navidad digital, todos nos reunimos alrededor de la mesa pero casi nadie habla; no porque tengamos la boca llena, sino porque estamos todos muy ocupados en actualizar "el muro" del álbum digital. Habría que preguntarse cuándo dejamos de ser personas sociales y nos convertimos en seres virtuales.
Esta breve nota hubiese sido mejor compartirla personalmente, sentados alrededor del árbol con amigos y familiares, pero ya ven... agarré mi computador y aquí va. ¡Feliz Navidad!  

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Concierto de Fito Páez en Caracas


Es indudable el amor del cantautor argentino por Caracas: “Al final, tengo la suerte de que mi vida esté ligada a esta ciudad. Siempre es emocionante venir a cantar mis canciones”, dijo el astro desde la tarima del anfiteatro del Sambil en el este caraqueño

Por Ángel Cristóbal
Fotos: Felicia Jiménez y Ángel Cristóbal

(Caracas, 7/12/14. Especial Prensa del Sur).- No podíamos perdernos este concierto de Fito Páez, un artista ligado por más de dos décadas a nuestra sensibilidad musical y cultural, y a quien conocimos en persona a mediados de los 90, en otro concierto, otra ciudad, al centro de una isla en donde la cultura ha sido siempre desprejuiciada y cambiante como el paso de los vientos que la atraviesan. Así que, cuando el autor de “Giros” –disco que transformó el rock latinoamericano-, anunció su concierto en Caracas no dudamos en “cubrir la pauta” pues sería sin duda un trabajo placentero.
Ese mismo día, en el centro de la capital venezolana culminaba el festival latinoamericano Suena Caracas, cita en la cual no estuvo Fito Páez. No sabemos por qué.    

La noche del domingo, la banda venezolana Aditus, con cuarenta años de fundada, antecedió a la estrella argentina y cosechó aplausos y coros de los asistentes al anfiteatro del centro comercial Sambil. Durante su presentación, interpretaron canciones como No te vayas ahora -cantada a capella por el público-, No te pueden apagar y Cada minuto, cada hora. La conexión entre los músicos y los caraqueños que encendió la chispa que desencadenaría en el espectáculo de Fito Páez.

El astro del rock latinoamericano salió al escenario a las 8 en punto de la noche, luego de que su guitarrista y su baterista calentaran el escenario. Vestido de blanco, el cantante argentino dio inicio a su show con la fuerza del tema Rock and roll revolution, título de su vigésimosexto álbum y de la gira homónima que lo trajo de vuelta a la capital venezolana, un año después de su última visita.

Aunque prometió cantar sus canciones nuevas, apostó por lo seguro y cantó sus éxitos más sonados, como Te vi, Mariposa technicolor, En un café y otros.

Al lado del piano había una mesa con seis vasos, todos con agua hasta la mitad. Luego de interpretar un par de temas, Fito elogió a la luna que adornaba el cielo del domingo y recordó la época cuando vino a Venezuela a producir el disco El amor ya no existe (1987) de Sentimiento Muerto, “el disco más vendido de la historia del rock nacional hasta 2006”, dijo antes de interpretar Rueda mágica.

El artista, intranquilo como se le conoce, recorrió la tarima dando pequeños saltos y palmadas al aire mientras cantaba, y en una ocasión hasta lanzó al aire su guitarra milagrosamente atrapada por un miembro del equipo técnico de la banda. Aupando a sus espectadores para que disfrutaran el momento tanto como él parecía hacerlo, entre canción y canción, Fito se paraba al borde del escenario incentivando a sus fans a que le acompañaran en su interpretación.

Con los dedos como batutas, infundía al público la llama que necesitaba para encender la euforia y aprovechó el momento para cantar Arde, una de sus más recientes canciones que comienza con la frase "Arde Caracas, arde tu corazón", aunque pocos se la sabían. "No a la guerra con amor /No a la muerte y al dolor", seguía con la canción. "Ya sé que nadie sale vivo de aquí", cantaba.  

Dos horas y 19 temas después, sin fallas técnicas, excelente sonido y juegos de luces y humo sencillos pero efectistas, el cantante se despidió del público venezolano que en todo momento mantuvo una disciplina digna de destacar. "Gracias por dejarme vivir tantos años en sus corazones", expresó haciendo reverencias y saludos. ¡Gracias a ti, Fito, por este antídoto contra la rutina!






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Pon la Navidad en tu corazón


La Navidad y los días finales del año nos hacen más sensibles -no sensibleros-, y propicios a compartir con  familiares, amigos y compañeros de trabajo; tratando de recuperar lo que no hemos podido hacer durante 11 meses de duro bregar. Es por tanto la mejor época para perdonar y reconciliarnos: también para agradecer a Dios por lo recibido y permitirnos estar cerca de quienes amamos y nos aman. Por estas fechas me viene a la mente el estribillo de un villancico que escribió mi papá a finales de los 90’ y que es hoy uno de los favoritos de los fieles católicos villaclareños: “Pon la Navidad en tu corazón, pon tu corazón en la Navidad / Navidad es un niño que nació en Belén y vino a la tierra para hacer el bien”... Me cuentan mis padres que, en ausencia de arbolitos, nacimientos, y golosinas especiales debido a la escasez, nada de eso impidió la celebración de la Navidad en lo profundo de las familias cubanas, ni la tradición de visitar la iglesia para asistir a la misa del gallo, escuchar el Evangelio de Lucas y los recitales de villancicos que preparaban con emoción los coros de cada parroquia. Y es que, lo más importante es conservar el espíritu navideño, entender que es una celebración por el nacimiento del Hijo de Dios, Enmanuel, el Niño que trajo al mundo la esperanza: Dios hecho hombre, a imagen y semejanza de todos nosotros.






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Iglesia del Buenviaje elevada a Santuario Diocesano

Vista exterior de la Iglesia del Buen Viaje, en Santa Clara, Cuba
Vista exterior de la Iglesia del Buen Viaje, en Santa Clara, Cuba
(Especial Prensa del Sur).- Teniendo en cuenta razones teológicas, históricas y sociales, y para favorecer e incrementar la ya presente espiritualidad mariana del pueblo cubano, y en especial de los santaclareños, el Obispo diocesano Mons. Arturo González Amador solicitó la elevación a Santuario de la Iglesia parroquial Nuestra Señora del Buenviaje -popularmente conocida como Iglesia del Buenviaje- acto que será concretado el próximo 8 de diciembre de 2014, cuando el antiguo templo será dedicado oficialmente como Santuario Diocesano de la Virgen de la Caridad y bendecido su nuevo altar.

Historia de una imagen muy querida
La imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que desde el año 1998 se venera con gran fervor en la histórica Iglesia del Buenviaje, es popularmente conocida como la Imagen Peregrina de la Caridad, por haber recorrido toda la diócesis como preparación a la histórica visita del bien recordado papa Juan Pablo II, en enero de 1998.

Esta imagen convocó a su paso multitudes de fieles devotos, y estuvo presidiendo la sacristía papal. Es una réplica de la imagen de la Patrona de Cuba que se encuentra en el Santuario del Cobre, en Santiago de Cuba. Fue tallada en madera alrededor del año 1800, en Francia, por un encargo realizado desde Cuba.

La misma perteneció a Rita Estévez de Alemañi, hermana de Luis Estévez, esposo de la patriota y benefactora santaclareña Doña Marta Abreu, en cuya familia permaneció durante muchos años. Doña Rita, al presentir su muerte, la entregó a la esposa de su médico de cabecera, Mercedes Franqui de Figueroa, en cuya familia la imagen se mantuvo durante 80 años aproximadamente.

Al morir primero el médico y luego su esposa, se convirtió en una tradición entre los doce hijos del matrimonio que la imagen fuera trasladada cada mes a la casa de cada uno de ellos y sus respectivas familias, para ser cuidada y venerada.

Durante la Batalla de Santa Clara (Diciembre de 1958), la casa donde se encontraba la imagen quedó vacía; por la evacuación necesaria ante los bombardeos y el tiroteo reinante, ya que muy próximo se encontraba el Tren blindado que más tarde fue descarrilado y tomado por las tropas del comandante Che Guevara. En medio de la vorágine del conflicto, y bajo las balas, la imagen de la Virgen fue rescatada por uno de los hermanos de la familia.
Con el tiempo la familia fue disminuyendo y a fines de 1997, por decisión tomada por Delia y Ofelia Figueroa Franqui y Luis Cárdenas Figueroa -los miembros de la familia que permanecían en Cuba-, la imagen fue cedida y confiada a la iglesia diocesana de Santa Clara. En meses anteriores esta imagen de la Virgen visitó campos, pueblos y ciudades de toda la diócesis como preparación a la histórica visita del papa Juan Pablo II, convocando a su paso multitudes de fieles devotos. 

En enero de 1998, previo a la visita del Papa, estuvo presidiendo la Misa de Campaña en el parque El Carmen de Santa Clara. Durante la Eucaristía celebrada por Su Santidad en Santa Clara, la imagen estuvo presidiendo la sacristía papal, ante la cual el papa Juan Pablo II oró antes y después de la celebración.
Posterior a la visita del Papa, continuó su peregrinaje durante las misiones diocesanas que se efectuaban cada año y ha presidido las procesiones de su festividad en Santa Clara.
En ocasión a la coronación de la imagen de la Virgen  Peregrina de la Caridad de Santa Clara, el domingo 8 de septiembre de 2002 por Mons.Tarcisio Bertone, Arzobispo Emérito de Verselli y Secretario de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el papa Juan Pablo II envió su bendición apostólica, y como obsequio a la Virgen un Rosario de Oro colocado en sus manos por el propio  Mons. Bertone que desde entonces acompaña a la imagen.
(Nota de la Redacción: Noticia redactada a partir de una nota del Dr. José Manuel González)
Imagen de la Virgen de la Caridad, réplica de Patrona de Cuba
Imagen de la Virgen de la Caridad, réplica de Patrona de Cuba
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Marta Abreu de Estévez: benefactora de Santa Clara, Cuba

Todavía hoy, a Santa Clara se la conoce como “la ciudad de Marta” e instituciones como la prestigiosa Universidad Central de Las Villas lleva su nombre. ¿Quién fue esta mujer y a qué se debe su trascendencia histórica? Veamos que nos dice al respecto el escritor Alberto Anido, autor del cuadernillo “Marta Abreu Estévez”, publicado por ediciones Escambray en 1993, y el cual tuve el placer de editar e ilustrar algunas de sus páginas.

Por Ángel Cristóbal

«No saben ustedes, los villareños, los cubanos todos, cuál es el verdadero valor de esta señora. Si se sometiera a una deliberación en el Ejército Libertador el grado que a dama tan generosa habría de corresponder, yo me atrevo a afirmar que no hubiera sido difícil se le asignara el mismo grado que yo ostento».
Así expresó, refiriéndose a la patriota y benefactora de Santa Clara (Cuba) Marta Abreu de Estévez, el generalísimo Máximo Gómez Báez en visita a esta ciudad el 13 de febrero de 1898.
Elogiosas fueron también las palabras de Fermín Valdés Domínguez, el gran amigo de José Martí: «Su patriotismo es la cifra y la clave de todas sus excelsas virtudes».
En busca de esos pormenores casi inéditos que siempre rondan la vida de las grandes figuras, resalta como dato curioso que esta ilustre cubana, estando en París a finales del siglo XIX, solía utilizar como seudónimo el nombre del Mayor, a la hora de firmar los documentos en los que notificaba al mando cubano el dinero que estaba dispuesta a entregar a la causa independentista de la Isla.
Muestra elocuente de ello tuvo lugar cuando, al enterarse de la inesperada caída de Maceo en Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, transmitió con urgencia un cable a Tomás Estrada Palma, por entonces al frente del Partido Revolucionario Cubano, en el que comunicaba: «Diga si es cierta la desoladora noticia. Cuente diez mil pesos, adelante. Ignacio Agramonte».
La acendrada pasión de esta mujer por su tierra natal se hizo mayor al verse obligada a abandonar el país tras el estallido de 1895, debido a que las ideas revolucionarias que compartía con su esposo, el abogado matancero Luis Estévez, ya eran conocidas por las autoridades coloniales.
Explica la historiadora local Marta Anido Gómez Lubián que desde París el matrimonio de cubanos realizó una valiosísima contribución monetaria a la nueva gesta que desde el exterior había organizado Martí.
Tanto era su delirio por ver conquistada la soberanía de su Isla querida que en una ocasión llegó a afirmar: «Mi última peseta es para la República. Y si hace falta más y se acaba el dinero, venderé mis propiedades, y si se acaban también, mis prendas irán a la casa de venta. Y si fuera poco, nos iríamos a pedir limosna por ella. Y viviríamos felices porque lo haríamos por la libertad de Cuba».
Muchas son las contribuciones que Marta Abreu legó a los habitantes de Santa Clara: el teatro La Caridad, cuatro lavaderos públicos, tres colegios para niños y niñas pobres, la estación de ferrocarril (una de las más bellas del siglo XIX que se conserva en Cuba), y en 1895; la planta eléctrica que permitió a Santa Clara beneficiarse de la electricidad mucho antes que otras capitales de la isla. La edificación de un centro meteorológico, dotado de moderna tecnología para aquella época, en el que trabajaría el sabio local Julio Jover y Anido, constituyó también, junto a la inauguración de un dispensario para niños desamparados, otra de sus grandes entregas a la tierra que la vio nacer, donde el recuerdo es recurrente hoy para quienes habitan la ciudad que ella tanto quiso.
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Los tiempos del parque Vidal

Antes de describir la villa del “pilongo”, dejemos claro el origen de este vocablo cubano, ya en desuso, especie de gentilicio que define a quien es oriundo de Santa Clara, Cuba. Según una vieja tradición reseñada por el historiador local Manuel Dionisio González en su obra “Historia de la villa de Santa Clara y su jurisdicción”, publicada en 1858 –reeditada en 1925 y la cual tuve la ocasión de consultar tanto en el Departamento de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Martí, como en la Biblioteca Francisco de Paula Coronado de la Universidad Central de Las Villas-, hacia 1776 los pobladores de la villa bajaron del monte Capiro una piedra blanca, circular, en la que modelaron la pila bautismal de la Iglesia Mayor, donde permaneció por más de doscientos años. Cuando este templo fue demolido en 1924 (infausta idea que ya comentaremos más adelante) para agrandar la Plaza Mayor, la pila –tal parece que haciendo honor a su solididate fixa rotunditas-, fue trasladada primero al palacio de Gobernación, luego fue colocada en la Iglesia del Buen Viaje, y más tarde en la Iglesia-catedral de Santa Clara de Asís donde actualmente se encuentra. Allí puede ser admirada y aún presta sus santos oficios, extendiendo el “certificado de pilongo” a nuevas generaciones de villaclareños. Fueron los cronistas de la época de la colonia quienes comienzan a llamar “pilongo” a todos los que recibían en aquella blanca piedra las aguas del bautismo, y con el tiempo el término se fue convirtiendo en un gentilicio.
Quizá fue el mismo pueblo quien “inventó” la palabra que pasó a los pergaminos, a las crónicas y a los primeros periódicos, pues hasta en temporadas de carnaval, salía una comparsa, “Los pilongos” con un canto que parecía más un grito de guerra: “¡Quítate de la acera, o mira que te tumbo, que ahí vienen los pilongos acabando con el mundo!”... Y la verdad es que aquellos “comparseros” tenían una triste reputación de buscapleitos y cortadores de nalgas en las noches locas de las fiestas carnastolengas.
Pero esta historia arrancó allá por el año 1689, cuando un grupo de vecinos y vecinas de la villa de San Juan de los Remedios, ubicada en la costa norte de la actual provincia de Villa Clara, aterrorizados por los frecuentes asaltos y desmanes de corsarios y piratas que en más de una ocasión habían saqueado la población, y conminados por los párrocos del lugar, decidieron trasladarse a un lugar más protegido en el interior de la región; estableciéndose en el cuartón Orejanos de la hacienda Ciego de Santa Clara, el 15 de julio de 1689. Se dice que, después de oír misa al pie de un frondoso tamarindo que se encontraba en lo alto de una pequeña colina, comenzaron a levantar las primeras edificaciones.
Y ciertamente, si el lector algún día se encuentra de visita en nuestra ya tricentenaria villa, encontrará un templo católico, “Nuestra Señora del Carmen”, edificado encima de una pendiente, rodeado de una bella placita que es parte integrante de la historia local. Una lápida recuerda a los caminantes que, en tiempos de la colonia, aquella iglesia sirvió de improvisada cárcel de varias patriotas santaclareñas que apoyaron la Guerra de Independencia (1895-1898). Pero existe, además, un monumento de mármol en forma de espiral ascendente, que integran 17 columnas marmóreas, cada una de ellas con el nombre de una familia fundadora, y en medio, un viejo tamarindo, descendiente en tercera generación del primer árbol bajo el cual se reunieron aquellos remedianos. Hasta aquí reza, en lo fundamental, la vieja tradición sobre la fundación de Santa Clara; un relato al que la modernidad ha despojado de lo legendario y reducido a razones puramente económicas de dos curas ambiciosos. No niego los valores de un método científico de investigación, sin embargo, con el perdón de los historiadores contemporáneos, prefiero la tradición, no sólo en este caso, sino en todos los orígenes de los pueblos en donde la razón científica trata de empañar un mito popular con argumentos a veces puramente ideológicos.









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Los tiempos de La Caridad

Aunque desde 1980, venía publicando en el periódico local Vanguardia una serie de artículos sobre viejas edificaciones, leyendas y tradiciones de la ciudad de Santa Clara -recuerdo algunos como: "El Eco y La Alborada", "Los lavaderos públicos de Marta Abreu de Estévez", "El parque Vidal", "Al pie del tamarindo", "Manuel Dionisio González" y "Fiestas de fundación"-, ello se vio interrumpido por una absurda situación de carácter "ideológico", que ocasionó mi abrupta salida de la Universidad Central de Las Villas -donde trabajaba como redactor de la revista Islas-, y una censura de toda mi actividad cultural y literaria en los años de 1982 a 1993. No fue sino gracias al periodo especial, cuando al país "le apretó el zapato" por una profunda crisis económica, política y social (causada por la desaparición de la Unión Soviética y el llamado campo socialista), que el Gobierno cubano abrió sus puertas (y puertos) a la búsqueda de divisas, y surgieron iniciativas como Colección Escambray (de la cual ya escribimos en artículos anteriores), y ello me permitió regresar a mi actividad investigativa y periodística, a solicitud de los mismos que me habían censurado diez años antes.
Uno de aquellos cuadernillos que conservo con mucho cariño es aquel que lleva el título de El teatro La Caridad, el templo de talía que construyó en Santa Clara la benefactora de la ciudad, Marta Abreu de Estévez. Se trata de un librillo que narra los orígenes de aquel Teatro, los costos de su construcción, las primeras presentaciones teatrales que allí tuvieron lugar y hasta los detalles de su arquitectura; entre los cuales destaca las pinturas que se hicieron en el interior de su techo: una verdadera obra de arte inspirada en representaciones clásicas del drama, la falsa y la comedia, más adelante repetida en el Teatro Terry de Cienfuegos (la eterna ciudad "rival" de Santa Clara).
Tuve la oportunidad en los años 70, y principios de los 80 no sólo de deleitar mi espíritu con artistas nacionales e internacionales que por allí pasaron; sino que me presenté en ese legendario teatro como cantautor con el grupo Los Andes, luego como solista de la Nueva Trova cubana y más tarde con el coro cristiano Getsemaní-HC: inolvidables aquellos conciertos ante centenas de santaclareños y santaclareñas.
¡Cómo olvidar los ensayos y presentaciones del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, de Sarah González, Silvio Rodríguez, Amaury Pérez Vidal, el grupo Moncada, Manguaré o Panorama; cómo olvidar a Mario Crespo, a Jorge Gómez Gutiérrez, a Jorge Octavio Pino, César Bacaró, José Monteagudo (Macuto), Jorge Nazario, Manuel González; a Chaflancito, a José Magide; a Zaragoza, Rogelio Bermúdez, Joaquín Besada, Pucho López, Misael Barbel, Moisés la Rosa; a Fantomas y Manuel Chaviano... en fin, tantos con quienes tuve el honor de compartir amistad, música y excelentes momentos!
A todos ellos, y a quienes olvidé sin intención en este artículo, les dedico este libro del Teatro La Caridad: ahí está su administrador a punto de tocar la campana, apagarán las luces... ¡va a comenzar la función!:  








 
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España tuvo a Platero.. y Santa Clara a Perico

Portada del libro "Arre Perico", de Mario Crespo.
Diseño: Ángel Cristóbal
Foto de la época, del burro Perico halando el carretón de Lea.
Poco después el borrico obtuvo su libertad, y comenzó su leyenda
España tuvo a Platero… y Santa Clara a Perico
(Relato en décimas de un burrito)

Texto: Ángel Cristóbal
Ilustraciones:
 
En honor a la amistad
surge mi verso sincero
como un humilde vocero
de toda la humanidad.
Y en honor a la verdad
al mundo entero le explico
la vida real de Perico,
mi burrito predilecto
que se mereció el afecto
del viejo, el joven y el chico.

*******

Hace más de ochenta años,
a los pies de Cerro Calvo,
surgió la historia que salvo
de los archivos de antaño.
Fue la ciudad Santa Clara
cuna de esta tradición,
fuente de inspiración
de niños pobres y ricos,
y hasta poetas narraron
las hazañas de Perico.

********

Halando de un carretón
primero fue utilizado
para la venta de helado
a toda la población.
Fue grande la admiración
que Perico se ganaba,
mas también se contemplaba
que de domingo a domingo
manejado sin descanso
duramente trabajaba.

******

En el mismo carretón
con Lea y un primo suyo
comprando envases vacíos
ganaba su mantención.
Pero como la situación
de su dueño mejoró,
Lea se decidió
a darle al burrito manso
el merecido descanso
que trabajando ganó.

****

Ya libre, siguió Perico
por las calles rebuznando
como un mendigo implorando
el mendrugo personal.
Se ganó de cada cual
un verdadero cariño
y no había un solo niño
que lo premiara en su afán
dándole un trozo de pan
sazonado de cariño.

*****

En el teatro Caridad
en una escena teatral
ganó el burro sin par
mucha popularidad.
Y en la fiesta popular
del paseo carnavalesco
tirando de un pintoresco
carruaje bien adornado,
se mereció del jurado
el triunfo más novelesco.

*****

Distintas revistas gráficas
lo publicaron también.
Y fue aplaudido muy bien
en cintas cinematográficas.
Varias páginas biográficas
de su vida han publicado
y hasta un pintor afamado
pintó un cuadro de ornamento,
que estuvo en un departamento
del fenecido Senado.

*****

Aunque no era pendenciero
Perico fue preso un día
por andar con estudiantes
en protestas por la vía.
Un policía arrogante
quiso impedirle el destino
diario de llegar al Parque:
pero el famoso burrito
se burló del vigilante,
cruzando por otro camino.

*****

Porque en este bello mundo
no puede haber nada eterno
en una noche de invierno
murió el burro vagabundo.
¡Hasta el niñito más tierno!
desfiló con humildad
ante el que con bondad
fue querido y apreciado,
protegido y admirado
por toda la comunidad.

*****

Ahora vive en la memoria
Perico, el burro sapiente,
que dejó eternamente
en Villa Clara una historia.
Por eso yo no exagero,
lo digo con todo esmero
que si en España, Platero
fue un muy famoso borrico:
La orgullosa Santa Clara
¡tuvo a su burro Perico!





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Colección Escambray: no hacía falta photoshop

El teatro La Caridad.
Autor y diseño: Ángel Cristóbal
En 1993, la oficina de Colección Escambray se encontraba en la sede de la redacción del periódico Vanguardia, en San Clara, Villa Clara, Cuba. Era un recinto pequeño, pero con aire acondicionado; un privilegio que disfrutaban entonces muy pocos en la isla. En su interior tenía un escritorio, teléfono, y una mesa de dibujo con sus respectivas reglas: en ella nacieron -además del logotipo que diseñé y que hoy es marca registrada de Editorial Letras Latinas-, todos los folletos que edité para la Colección: Las parrandas de Remedio (Autor: Miguel Martín Farto), El Teatro La Caridad (Autor: Ángel Cristóbal), El mito del güije (Autor: Alberto Anido), Tradiciones villaclareñas (Autor: Florentino Martínez), El parque Vidal (Autor: Ángel Cristóbal), El burro Perico (Autor: Mario Crespo), Marta Abreu de Estévez (Autor: Alberto Anido), y Al pie del tamarindo (Autor: José García González).
Mucho menos de lo que se puede creer, Colección Escambray no era un equipo editorial como tal, pues nos tocaba hacerlo casi todo solos sin ayuda de asistentes, eso sí: gozaba de la independencia para poder eligir los temas a difundir, hablar con autores amigos y solicitarles sus textos, discutir y sugerir sus ilustraciones con Fernando Caluff y el mismo Alberto Anido (fundador del grupo Signos de Samuel Feijóo). Y en ocasiones realizamos algunas viñetas (como en el caso de Teatro La Caridad). Pero ello no terminaba allí. Mientras el ilustrador preparaba sus dibujos, este Editor debía coordinar con la Imprenta Provincial, donde se producían los cuadernillos. Primero, entregar los originales a los linotipistas, luego sacar las primeras pruebas para su corrección; seguidamente -una vez que ya tenía los dibujos de Caluff-, hacía el diseño gráfico de todo los libros (en la mesa de dibujo que ya les comenté). Todo se hacía manual, pues no había entonces computadoras, ni programas de diseño gráfico, ni photoshop.
Fernando Caluff: Pintor,
ilustrador, fotógrafo y músico
Una vez que el amigo Yanez hacía los negativos (fotolito), yo los revisaba y a continuación se hacía la plancha que colocaba Israel en la vieja pero excelente máquina impresora alemana (Heidelberg). No perdía ni un detalle, hasta que salía finalmente el libro. De aquí, las páginas aún con olor a tinta pasaban al departamento de encuadernación, donde se casaba la portada con la tripa (todo manual) y se amarraban -a falta de grapas de imprenta-, con hilo de empinar cometas. El toque final era un sello que difundía el escudo de la ciudad de Santa Clara y patentizaba el libro como "pilongo" (dícese de quien nació en aquella ciudad).
Sin mediar bautizos ni presentaciones, y mucho menos los pagos por derecho de autor, los libros eran colocados en la librería más popular de la ciudad, en una de sus esquinas más populosas y a pocos metros del Parque Vidal; donde eran vendidos al turismo internacional muy numeroso que visitaba el centro de Cuba: quizá esto explique que algunos ejemplares llegasen a Estados Unidos y a Europa, y actualmente sean vendidos en portales de comercialización de libros raros, a precios que oscilan entre 25 y 30 euros.
Veamos en detalle uno de aquellos libros:











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