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El cazador de gazapos

DURANTE MUCHOS años hemos investigado la lengua de nuestro pueblo en costas, cerros, montañas, pueblecitos, pueblos y ciudades. El resultado de nuestras investigaciones se refleja en las páginas del libro  “La lengua popular cubana y su reflejo en el humor criollo”, que publicamos con la Editorial Letras Latinas. En sus páginas aparece un completo estudio sobre las raíces de nuestro lenguaje, que provienen de los primitivos pueblos indígenas; reflejadas en nombres de municipios: Baracoa, Camagüey, Jiguaní, Guaracabuya, Manicaragua, Jagua, Batabanó, Macurijes, Caibarién, Cabaiguán, Jatibonico, etc.; y también en sus árboles: Mamey, Guásima, Majagua, Almácigo, Guanábana, Jagüey, Curujey, Yagruma, y más etcéteras. También entre las raíces de la lengua popular cubana se hallan las transformaciones jergales del vizcaíno, el canario, el catalán, el asturiano, el gallego; el bozal, el carabalí, el lucumí, el yoruba, el chino y el gitano. Ello toma numerosas páginas de nuestro libro. 
En un anterior trabajo, ponía en guardia contra esta tendencia de la Real Academia Española que se ha filtrado también en América Latina: para la RAE se escribe bien o se pronuncia bien y se escribe mal o se pronuncia mal, como se hace un bien o como se comete una fechoría. En manos de la Academia, la norma idiomática se convierte en una especie de código penal de delitos y faltas, con una serie de implicaciones realmente monstruosas. Si algún consejo daba a mis amigos, los escritores jóvenes, era no hacer en absoluto caso de este chantaje de la Academia y escribir lo más criollamente posible; es decir, adaptar, intentar adaptar a su escritura la rítmica del habla popular y huir completamente de esta esterilización del idioma tan funesta para el escritor. 
Allá por los 80, durante un apagón en el Parque Vidal de Santa Clara, en noche de luna llena, llegó un hombre al banco en el cual nos sentábamos todas las noches mis compañeros de estudio y yo. El hombre se sentó y dijo: “El parque está oscuro, pero menos mal que la clara está emburrá”. ¿Un extranjero habría comprendido la metáfora de una luna (clara) emburrada? Por supuesto que no. Emburrá quiere decir brava, fuerte. La luna pues, brilla con fuerza. Esto nos recuerda que al sol se le nombra en Cuba indio. “El indio está de bala” = “El sol está muy fuerte”; también se le conoce como solibio. 
Mil ejemplos podría traerse a estas páginas con las voces de la lengua popular cubana, citaremos unos ejemplos más. Un albañil, en cierta  ocasión, al preguntársele por un tío muy enfermo dijo: “¡Largó el piojo!”. Un joven que le escuchaba, le respondió: “Monina, cubique bien, porque usted tiene la bembetería atrasá. Ahora se chacharea así: se ñampió, le dio la patá al tibor, o guardó la chapa”. El albañil le miraba asombradísimo, sin entender nada. Un cocinero del hotel Santa Clara Libre caminaba por una calle de la ciudad y se encontró con un amigo. Éste le preguntó: “Adónde vas pitando, mi hermano?”  Y el cocinero le respondió: “Voy de pire pa’l gao pa’ diñar el esqueleto en el alambre”. Lo que quiere decir: “Voy para mi casa para acostarme en la cama”. Cierto pasajero de un autobús en La Habana, le dijo al chofer: “Achanta la lata en la esquina que se va a tirá una ocamba”. Lo que quiere decir: “Detén el omnibus en la esquina que se va a bajar una anciana”. 
Todo lo anterior, un turista tendría que traducirlo como si se tratara de un idioma extranjero, y extranjero es, siendo nacional: “Tírale una chancleta a ese tomeguín y espanta la lagartija que se va a comer la mariposa bruja que está colgada en la estaca”. ¡Cuántas de nuestras expresiones proverbiales pueden comprenderse o saborearse lejos de nuestro país, cuando algunas de éstas ni siquiera en la misma Cuba se entienden de una provincia a otra! ¿Quién entiende esta frase?: “Tírale un cutarazo a ese senserenico y espanta el caguayo que se va a comer la tatagua que está guindá en el jan”. Así corre el idioma, así crece y, tantas veces se enriquece. He aquí el río, país tras país...Magister dixit.