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Tradiciones villaclareñas

Fiesta de los delirios
Por Ernesto Miguel Fleites*
La Parranda de barrios es folklore de espectáculo y como espectáculo al fin, ha llegado a maximizar el folklore auténtico de nuestro pueblo. De este folclore forman parte las artes plásticas, la música, el teatro, la literatura, la danza y la pirotecnia como elementos competitivos esenciales. Tres culturas la integran, tres etnias que convergen en un momento histórico. La española con sus carrozas y muñecones, la china con sus faroles y su pirotecnia y la afro con su música, su danza y sus instrumentos. A Remedios se le atribuye la maternidad de este acontecimiento porque en su seno nacieron por la década del 20 del siglo XIX. Pueblos como Camajuaní, Caibarién, Las Coloradas (hoy Zulueta) y Vueltas, enmarcadas dentro de la jurisdicción remediana de antaño, importaron, primero que otros territorios, esta fiesta en los finales del mismo siglo. Cierto es también que en la medida que fueron haciéndolas suya, cada reproducción tomó el color que los habitantes de esos lugares le fue dando, de manera tal que cada una tiene su autenticidad, lo cual las hace diferentes dentro del mismo fenómeno cultural. A Vueltas la trajo Juan José Domínguez Delaney. Un remediano que se estableció como farmacéutico por esos lares y que además tiene el privilegio de haber fundado el primer periódico voltense: El Recién Nacido. Sin embargo, fue a don Carlos Nodal, mas tarde capitán del ejército mambí, a quien se le atribuye la paternidad de las mismas. Este hombre se dio a la tarea de promoverla en su amplio sentido: promovió guateques campesinos, desde donde impregnó la rivalidad, creó la separación de los barrios a partir de la geografía del pueblo, tomando como línea divisoria la calle Real (hoy Manuel Herrada), organizó los bandos, seleccionando para sí el más pobre, poblado fundamentalmente por negros caribeños (granadinos, jamaicanos y haitianos que se radicaron en el pueblo para hacer zafras azucareras), lo que dio origen al actual nombre del barrio Oriente (Ñañacos: deformación de ñáñigos, mote dado por los miembros del barrio Occidente). El nacimiento data exactamente el 24 de diciembre de 1890 en una romería campestre organizada por los hermanos Casallas, y al cual asistió la flor y nata de la sociedad del pueblo. De una parte, los partidarios del barrio El Carmen, ubicados en la porción occidental del pueblo, defendían el bando Rojo. Estos eran liderados por Indalecio Manso. Y de la otra parte, los partidarios de San Salvador eran identificados en el bando Azul. Dichos partidarios, liderados por Carlos Nodal, ocupaban la parte oriental de Vueltas. Lo curioso en estos inicios es que durante 1890, 1891 y 1892, la rivalidad era expresada en los fandangos campesinos a través de concursos de repentismos (improvisación de décimas cantadas) y bailes de la época (zapateo). No es hasta 1892 en que los barrios contrincantes asumen identidad propia y ya comienzan a llamarse Occidente y Oriente, aunque los estandartes (Gavilán y Gallo) siguen siendo igual a los remedianos. Es exactamente el 24 de diciembre de 1892 cuando ambos barrios pasean carrozas alegóricas al nacimiento del niño Jesús. Así transcurrieron los años 1893 y 1894. En este período la parranda se siguió realizando el 24 de diciembre y los temas continuaron siendo alegorías al nacimiento de Jesús de Nazaret. También es de destacar que la rivalidad seguía expresándose a través de competencias de repentismo y bailes como el zapateo. Luego vino la guerra y la fiesta tomó el primer receso. No fue hasta 1900 que se reanudó (el 6 de enero), con temas laicos y actualizados. Ya para entonces los Orientales o Ñañacos cambian el güiro por el cencerro. Se organizan piquetes de tocadores de rumba y la cultura afro impone su ritmo por encima de la tradición campesina. Vueltas era entonces un pequeño poblado, sin calles empedradas y sin luz eléctrica. Sus noches largas, inmersas en las tinieblas, presagiaban un amodorramiento sin igual, lo cual trajo consigo la necesidad de un acontecimiento que los sacara de aquel tedio. La gente vivía sin instrucción pública, la incultura campeaba por su respeto y el gusto artístico era muy bajo. Esto hizo que las primeras carrozas fueran rudimentarias y primitivas. En ese entonces no se conocían los aeroplanos y sí los globos aerostáticos. Surcar los espacios celestes era el anhelo de la época. Resulta natural entonces que todo esto ejerciera influencia en aquella gente y fuera tema obligado de artistas y artesanos construir y exhibir globos, que hacían ascender dentro del regocijo popular. No obstante, a pesar del poco reconocimiento gubernamental, se presentaron bonitos y buenos trabajos, en su gran mayoría fijos, de plaza, imitando la costumbre remediana. Así se mantiene la Parranda, imitando a su maternal Remedios con trabajos de Plaza, hasta que en 1914 la carroza, como elementos de la fiesta, se convierte en el principal acontecimiento. Ya en esta Parranda desaparece el Trabajo de Plaza de la fiesta voltense, y las carrozas van a tomar protagonismo e identidad propia. Las carrozas presentadas en esta fiestas de 1914 fueron: por parte de los Jutíos:”Actualidad mexicana”, la cual tenía la actualidad política e internacional de esa fecha, pues México era la atención universal por su gran revolución agraria y nacionalista de 1910. Los Ñañacos presentaron “El sueño de una niña detrás de una mariposa”. Lo que se consideran las primeras carrozas con nombre propio de las Parrandas del pueblo. También es de señalar que ese año se quemaron los primeros fuegos artificiales, algunos para alumbrar la carroza, otros como recursos independientes, lo que trajo consigo que el fuego se convirtiera en otro elemento de la fiesta. Ya en 1918, en Vueltas existía la costumbre de que cada casa realizaba un farol para su barrio de preferencia. Estos faroles eran exhibidos en los changüíes que recorrían las calles del poblado con alegre música de gangarrias y tambores, y cantos y estribillos alegóricos al barrio que representaban terminando con los muy famosos encuentros a cañonazos. ¿Pero qué eran encuentros a cañonazos? Según Jorge Miguel Colom, actual presidente del barrio Jutíos y nieto de Cumba Colom, uno de los parranderos más prestigioso de la región central del país, “lo más emocionante de estos changüíes era la confrontación entre ambos barrios, donde se producía un duelo a cañonazos”. Todavía en ese tiempo se vendían, sin ningún requisito, pólvora, cartuchos y además objetos de cazar, en las ferreterías. Los entusiastas de cada barrio fabricaban ellos mismos unos cañoncitos pequeños igual a los cañones de guerra. Les ponían ruedas y los embellecían. Cuando los barrios se encontraban frente a frente se armaba la guerra de los cañones. Estos encuentros duraban horas, ocasionando múltiples heridos, siendo eliminados años después por parte de las autoridades locales. Por entonces los barrios cantaban así: Somos Jutíos de las cuevas que salimos de pelear. Con el gallo moquillento no nos podrán ganar. Y los Ñañacos contestaban: Los Jutío pa´la cueva que el Ñañaco está que arde. A dormir que ya es de noche para que mi Gallo cante. Sin embargo, llega el machadato y la Parranda se interrumpe por segunda vez. No es hasta febrero de 1934 que nuevamente se reanuda la tradición, aunquesin el colorido de antaño. Así transita unos años hasta que llega 1948 donde aparece un joven artista, fiel exponente de su barrio Jutíos, cuya genialidad en el diseño de la carroza lo catapulta a planos insospechados, pues si bien ya se venía manifestando en la actividad, es exactamente en ese año donde se convierte en la figura principal del diseño plástico y artístico. Su nombre: Conrado Colom Sánchez, Cumba para quienes lo conocimos. Alguien a quien se le concedió una beca en París para continuar sus estudios de pintura luego de graduarse en San Alejandro y renunció por el amor inmenso al folclore de su pueblo. Su carroza titulada El trono del rey Salomón es recordada aún por su monumentalismo, belleza plástica y apego a la veracidad de la historia. Los Ñañacos presentaron su primera versión de Cecilia Valdés basada en la novela homónima de Cirilo Villaverde y otra titulada Carnaval en Venecia En 1965 se hace una de las mejores Parrandas. Se exhiben monumentales carrozas por uno y otro barrio. Algunas perdurarán por la historia como lo mejor de las producciones artísticas, no solo de Vueltas, sino también de toda la zona parrandera del centro del país. La corte de Delhi en el día del cumpleaños del Gran Mogol Zeb es uno de esos ejemplos. Paseó por Vueltas, Santa Clara, Matanzas y La Habana, y en todas las plazas tuvo la mejor crítica posible. Es en esta Parranda donde coinciden figuras de la talla de Nicolás Guillén, Mario Kuchilán, Samuel Feijoo, Irma Obermayer, y Ángel Martínez (el creador de la Bodeguita del Medio). Es también en esta fiesta donde Roberto “Coco” Hernández hace su aparición en el mundo de la creación artística con una magnifica obra, que aunque no era la carroza del triunfo (esta fue diseñada por Guillermo Duyos), sí fue un magnífico trabajo. Un preámbulo, diríamos, de lo que sería después el carrocero mayor del barrio Ñañacos. Luego viene un receso (El tercero: 1967 a 1970) hasta que en 1970 los barrios Jutíos y Ñañacos aparecen con obras monumentales. Es a partir de esta Parranda que cada barrio comienza a trabajar en una sola obra. Así se mantiene la fiesta sin interrupciones, hasta que en pleno Periodo Especial se ve imposibilitada de continuar. Los problemas económicos en los cuales se sumergió Cuba a raíz del derrumbe del campo socialista trajeron consigo que apareciera el cuarto y último receso parrandero (1991-1994). De ahí en lo adelante, la Parranda volvió a nacer para mantenerse a lo largo de 119 años tan viva como cuando Juan José Domínguez Delaney y Carlos Nodal la llenaran de fuerzas en los finales del siglo XIX. DATOS DEL AUTOR Ernesto Miguel Fleites González (Vueltas, 1957) Licenciado en Matemática, poeta e investigador folclórico. Premio Pinos Nuevos en 2001 y Raúl Gómez García para trabajadores de la cultura en 1999. Ha publicado Del silencio a la algazara, editorial Gente Nueva en 2002; A través del laberinto, Editorial Gente Nueva, 2005; Confesiones de un fantasma, editorial Capiro, 2005; Fortunas de Arcángeles, ediciones Sed de Belleza, 2007, así como Historias de nunca acabar, editorial Capiro, 2007. Tiene un libro en proceso de edición en la editorial Gente Nueva. Ha publicado además en las revistas nacionales Signos, Umbral, En julio como en enero, Cartacuba y Guamo, y en el cuaderno de etnografía canaria El pajar de España. Fue director del boletín cultural Página 13. Es miembro de la UNEAC.