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¿Ovnis en la Biblia?

En numerosos pasajes bíblicos se habla de extrañas naves voladoras, de seres dotados de cascos que salían de dichos ingenios e incluso de trajes parecidos al metal. Pero ya hay indicios de que esos seres pudieron visitar la Tierra incluso antes del nacimiento de Jesucristo. Así lo muestra la pintura rupestre neolítica que data de hace unos 5.000 años y en la cual sin lugar a dudas un extraño ser aparece rodeado de los típicos platos volantes que se describen hoy en día.

Otro de los legados pétreos de los que queda constancia es el grabado hallado en una cueva de Uzbekistán situada en la frontera entre Rusia y China, y que data del 2000 AC. El dibujo representa un disco ovalado con propulsión a chorro que parece elevarse verticalmente. Debajo de él, se ve claramente la imagen de una persona dotada de casco, antenas y el típico traje que hoy en día utilizan nuestros astronautas. Una imagen absurda para la Edad del Bronce, en las que las pinturas rupestres se limitaban a representar escenas de caza, animales y plantas. ¿Qué vieron aquellos hombres? ¿Qué querían representar con esos dibujos?

No sólo los pintores y escritores se hacían eco de lo que se movía sobre sus cabezas. Otros personajes relevantes de la Historia mundial tuvieron encuentros con ingenios y seres imposibles, como es el caso del general Cartaginés Aníbal (247 a 183 AC.), que tantas batallas ganó según dicen muchas veces con la ayuda de naves de otros mundos; o Carlos I el Grande, más conocido como Carlomagno, rey de los francos y emperador de occidente cuyas conquistas y proezas se creían sobrenaturales y así lo recogió el monje Lorenzo en sus "Annales Laurissenses", en los que narra la lucha que mantuvo el Grande contra los sajones diciendo:

"La Gloria de Dios apareció en manifestación encima de la iglesia en el interior del castillo. Los que lo observaron dijeron que tenía aspecto de dos grandes escudos de color rojo llameante, y que se movían por encima de la iglesia. Y cuando los paganos vieron este signo quedaron aterrorizados por el pánico, huyendo precipitadamente".

Cabe también citar los ingenios vistos por el Faraón de la XVIII dinastía Tutmosis III, de los que se da cuenta en el Papiro Tulli en el que se dice que: "En el vigésimo segundo año, en el tercer mes de invierno, a la sexta hora del día, los escribas de la Casa de la Vida notaron que un círculo de fuego llegaba del cielo. Brillaban en el cielo más que el Sol. Poderosa era la posición de las bolas de fuego. En esto que se elevaron dirección sur".

También observaron aparatos parecidos: Julio César, Constantino el Grande, el cronista del siglo XVI Pedro Cieza de León, el religioso Fray Junípero Serra y un sin fin de nombres que hacen uso de las viejas crónicas para mostrarnos una realidad que coincide con las actuales descripciones, refiriéndose también a los supuestos tripulantes de estos ingenios.

Eran siglos en los que la brujería, la magia y la Inquisición estaban a la orden del día y muchos fueron los que perdieron la vida por defender su verdad sobre lo que habían visto en los cielos. Es en estos tiempos cuando los artistas comienzan a reflejar tímidamente en sus obras esos objetos voladores que aparecían sobre los mercados y ciudades medievales.

A principios del siglo XIV, Giotto di Bondone (1266 a 1337) florentino de nacimiento, dibujó en su "Adoración de los Reyes Magos" una peculiar estrella con forma de bola de luz que dejaba una brillante estela a su paso. Si seguimos los escritos que hablan sobre la estrella de Belén, siempre se nos muestra como el astro que, guió a los Reyes Magos de Oriente para finalmente situarse encima del portal de Belén y no pasando a gran velocidad, como así parece mostrar el cuadro. Además, los astrónomos, en homenaje a lo que representó este pintor, dieron el nombre de Giotto, a la sonda espacial enviada por la AEE (Agencia Espacial Europea) al encuentro del cometa Halley en 1986..

Pocos años más tarde el también Italiano Paolo Ucello (1397 a 1475), magnífico representante del Quatrocento, pintó una tabla conocida como La Thébaide, en la que se observa un Cristo crucificado y la figura de una persona orando ante él.

Hasta aquí la pintura sería una representación religiosa como tantas otras, de no ser porque en la parte inferior de la obra se ve cómo una pequeña nave con forma de platillo, se mueve trazando una curva imposible.

Son muchas las representaciones religiosas en las que aparecen aparatos mecánicos volando como si se hubieran trasladado en el tiempo y el espacio. Así lo muestra la gran obra pictórica de Fra Filippo de Lippi (1406 a 1469), "La Virgen y San Juan Infante", en la que sin tener nada que ver con el tema del cuadro, aparece al fondo un ingenio con forma de cúpula.

Algo fuera de lo común tuvo que observar este fraile carmelita, famoso por sus escándalos, para luego plasmar tan intemporal nave en el paisaje y jugarse la vida por defender su verdad

Como le debió pasar a Carlo Crivelli (1430 a 1493), cuya "Anunciación" en vez de ser representada como los modelos que los demás artistas contemporáneos imponían, dibuja un luminoso aparato que va a dar en la angelical frente de la Virgen.

Otro artista, esta vez maestro de las letras, Hermann Schaden, ilustró en 1493 uno de sus libros con un llameante Objeto Celestial que, sostenido en el cielo como por hilos invisibles, parece disponerse a aterrizar sobre el frondoso campo.

Como vemos, las formas de reflejar el espacio y los ingenios que se movían en él eran muchas y muy variadas, dependiendo de los autores, de su pincel, de sus experiencias o tal vez de su imaginación.