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El castellano, ¿no viene del Latin?

Obliti sunt Romae loquier lingua latina. Naevius (aprox. 200 A.C.)
En Roma, la decadencia de la lengua latina comienza en el siglo II A.C. La lengua latina, durante los primeros siglos de la historia de Roma, fue una lengua viviente, como lo prueban las obras de teatro en latìn de Plauto y Terencio. No era ni la lengua de una aristocracia ni una lengua artificial para el uso de letrados. El comienzo de la desapariciòn del uso del latìn como lengua hablada data del siglo II A.C. El latìn ya no se habla desde el siglo I de nuestra era. De ello dan testimonio los escritos, la evolución de la literatura latina y la competencia del griego. Veàmoslo. Naevius, fallecido hacia el año 200 A.C., hizo escribir sobre su tumba: «OBLITI SUNT ROMAE LOQUIER LINGUA LATINA» («en Roma ya no se sabe hablar la lengua latina» —citado por Aulu-Gelle en Les nuits attiques). ¿Quiere decir simplemente que, doscientos años antes de nuestra era, se habla mal el latìn, de la misma manera que escuchamos en Francia a ciertos puristas sublevarse contra los maltratos que los periodistas hacen sufrir al francés? Para aquellos que crean que la lengua latina estaba en plena expansión, es difícil de descubrir en el epitafio que adorna la tumba de Naevius un dato objetivo acerca de la desaparición del latìn «hablado». Es por eso que cada vez caen en tales formulaciones. Sin embargo, nada se dice de manera inocente. Suetonio, en su estudio sobre los gramàticos y los retóricos hacia el año 100 D.C., decía de uno de ellos: «Caecilius Epitora […] abrió una escuela […] se dice que fue el primero en disertar en latìn sin preparación.» ¿Era necesaria entonces una preparación para poder hablar latìn? Allì también podríamos no prestar ninguna atención a lo que se dice. Hacia el año 100 D.C. Suetonio se sorprende ante la capacidad de un retòrico a disertar «en latìn sin preparación». Nada màs normal que un retòrico se prepare, pero que esté obligado a prepararse para disertar en latìn me da mucho qué pensar. Muchos historiadores de la literatura latina ven aparecer una decadencia y una degradación de la literatura y de la lengua latina en el siglo II D.C. Alexis Pierron exclama: «Después de Juvenal desaparece la poesía; luego de Plinio El Joven, la elocuencia; y después de Tàcito, la historia.»[1] Habrìa podido recordar también que, de igual manera, el teatro había ya desaparecido desde hacìa mucho tiempo. Quedan, sin embargo, grandes escritores en el siglo II D.C., como por ejemplo Aulus Gellius y Apuleyo. Del primero, dice Alexis Pierron: «se encuentra lleno de frases extrañas […] tiene sobre todo la manìa del arcaísmo», y del segundo: «La barbarie, que vemos despuntar en el estilo y la dicción de Fronton y de Aulus Gellius, se despliega con complacencia en Apuleyo, y toma, por asì decirlo, posesión de la lengua romana», y màs lejos: «La lengua de Apuleyo està compuesta de todas las lenguas, o, si se quiere, de todos los dialectos de los que se impregnò durante sus viajes». Al hablar de los autores de los siglos III y IV D.C., lo hace de manera inapelable en cuanto a sus cualidades literarias: «Nemesianus no es màs que un imitador […] sus poemas son casi copias de Virgilio […] La dicción de Ammianus Marcellinus es semi bàrbara». H. Berthaut y Ch. Georgin, en su Historia Ilustrada de la literatura latina, son igualmente muy crìticos: «la lengua de Apuleyo es familiar, atestada de términos populares o bàrbaros, y de neologismos». En cuanto a los autores cristianos del siglo III D.C., dicen de Arnobius que «tiene un estilo oscuro y bàrbaro», de Lactancio que emplea «emplea expresiones bàrbaras», y que la lengua de Comodiano «està llena de incorrecciones y barbarismos». Morisset y Thevenot, en Lettres Latines, observan que « los emperadores Adriano, Antonino y Cómodo (117-192) lograron mantener condiciones políticas favorables », pero que ello no impidió « una decadencia de las letras latinas profanas »[2]. Jean Barbet[3], en un libro clásico, concluye luego de su anàlisis de la literatura de los dos primeros siglos de nuestra era: « Los escritores continuaron escribiendo una lengua clasicista, artificial […] Incluso en el siglo II, leyeron et imitaron preferentemente a los autores arcaicos, tendencia que era ya marcadamente fuerte desde los tiempos de Cicerón».
Arcaìsmos y barbarismos a la carta
Todo eso no puede explicarse si el latìn no fuese ya una lengua muerta que los escritores màs o menos dominaban. Cuando un escritor tiene un conocimiento perfecto del latìn imita a los antiguos, pero si tiene un conocimiento aproximado, entonces simplemente comete faltas, como algunos extranjeros cometen faltas de francés cuando hablan nuestra lengua. En el primer caso, la lengua se caracteriza por los arcaísmos; en el segundo caso, por los barbarismos. Paralelamente, la literatura latina se atrofia, por carencia de literatos con la capacidad para escribir en latìn y por carencia de lectores con conocimiento de esa lengua. El latìn habrìa podido caer entonces en el olvido si no hubiese sido salvado por la Iglesia católica que optò por esa lengua y no por el griego. [1] Histoire de la littérature romaine, Alexis Pierron, Editorial Hachette, 1882. [2] Édition Magnard, 1966. [3] Littérature latine, Armand Colin, 1965.