ISSN 2476-1672

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La lanza de Longinos
La lanza sagrada, cuyo nombre proviene del soldado Cayo Casio Longinos (o Longinus), quien atravesó el costado de Cristo en los momentos finales de su crucifixión, llegó a las manos de los guerreros teutónicos, quienes la convirtieron en su talismán. La leyenda de la Santa Lanza se origina en el Evangelio según San Juan, 19: 33-37: "... pero llegando a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y éste es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: "No romperéis ni uno de sus huesos". Y otra Escritura dice también: "Mirarán al que traspasaron". El versículo siguiente cuenta cómo José de Arimatea obtuvo permiso para llevarse el cuerpo de Jesús y, ayudado por Nicodemo, lo colocó en una tumba en la noche de Viernes Santo. Otras tradiciones orales y escritas, que comenzaron con los primeros cristianos y continuaron en la Edad Media, aseguran que el rico judío José de Arimatea se preocupó de preservar la cruz, los clavos, la corona de espinas y el sudario del que Cristo se le-vantó al tercer día. Pero, según las mismas tradiciones, José había empezado su colección antes de la muerte de Cristo: después de la última cena, guardó la copa en la que Jesús había consagrado el pan y el vino. Después de la Resurrección, José conservó la copa junto a la lanza citada en el Evangelio: fueron llamados, respectivamente, el Santo Grial y la Santa Lanza. Los viajes posteriores de José con el Grial y la lanza fueron tema de relatos folclóricos y leyendas en casi todos los países de Europa. Los escritores medievales, comenzando por el poeta francés Chrétien de Troyes alrededor de 1180, vincularon el destino del Santo Grial y de la Santa Lanza con la aventura del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, sobre todo con Lanzarote, Gawain y Perceval. Paralelamente a estas historias -basadas en tradiciones celtas y en fragmentos de hechos históricos--, subsistía la historia de que la lanza, por lo menos, había sobrevivido a los siglos, pasando a veces a buenas manos, a veces a otras menos dignas. Quien la poseía adquiría un poder que podía ser usado para el bien o para el mal. A principios de este siglo existían por lo menos cuatro "Santas Lanzas" en Europa. Quizá la más conocida fuera la que se conservaba en el Vaticano, aunque la Iglesia Católica parecía considerarla sólo una curiosidad. Ciertamente, las autoridades papales nunca le atribuyeron poderes sobrenaturales. ¿Sabía Usted que Hitler persiguió esta arma sagrada y la consiguió?
Tomado de: Enigmas del III Reich
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